Mónica Laguna presenta en el festival de cine de Málaga 'Juego de Luna'

Estrenada 'Cactus', ópera prima de Pau Freixas

Juego de Luna tiene antecedentes tan ilustres como El rey del juego, El buscavidas o la espléndida versión que hizo Karel Reisz de El jugador de Dostoievski. Tan pesada herencia es manejada, no obstante, por la joven realizadora con pasmosa precisión, ayudada por un elenco muy bien elegido (junto a Torrent figuran igualmente Dafne Fernández, Ernesto Alterio, Ernesto Kaniowsky, o secundarios tan sólidos como José P. Carrión, Antonio Dechent o Manuel Morón) y por un montaje eficaz, que hace de las secuencias de juego verdaderos ejercicios de virtuosismo rítmico.

Cuenta la película la historia de una niña que, criada entre tahúres, terminará convirtiéndose en jugadora profesional, aunque no podrá por ello eliminar rémoras de un pasado que desconoce. El tema, como siempre en los filmes de juegos, no es otro que la lucha entre la ambición y la autoconfianza, pero Laguna se las ingenia para airear la trama, introduciendo personajes y situaciones que ayudan a cambiar constantemente el interés por lo narrado. Es un gran paso adelante desde su ópera prima, Tengo una casa, y aunque no parece capaz de desplazar a Joaquín Oristrell y Sin vergüenza, lo mejor visto en competición, puede aspirar a mucho. Y atención a Torrent: su trabajo que huele a premio.

Reconoció la realizadora, en rueda de prensa, que la película es 'una reconciliación con mi pasado familiar. No es una película sobre la ludopatía, sino sobre una mujer que apuesta y, aunque en ocasiones pierde, no por ello deja de arriesgarse en su vida'. El aire casi de documental que contienen algunas escenas está logrado, según Laguna, 'gracias al asesoramiento de un jugador profesional'. La directora abogó por la legalización en España de un juego, el póker, que 'parece que se practica poco pero es todo lo contrario; es un juego en el que jamás se hacen trampas, y uno juega con sus manos y con su inteligencia. No se engaña a nadie. Hay otros juegos mucho más peligrosos, y sin embargo, son legales', denunció.

Por su parte, los responsables de Cactus, película de producción no ya humilde, sino casi inexistente (se rodó con diez millones de pesetas), que cuenta como obra de caridad -es para evitar el desalojo de un convento por lo que un cuarteto de improbables ladrones se pone en danza- el robo de una misteriosa maleta, un rapto y hasta algunos asesinatos, mostraron un entusiasmo desbordante y defendieron la estética feísta que presenta su filme. 'Nuestros referentes estéticos', reconoció sin tapujos Pau Freixas, 'son los hermanos Coen o Jeunet y Caro' dijo. El filme alterna momentos estupendos y vacilaciones de principiantes y según Freixas fue rodada sin subvenciones, 'como yonkies porque no queríamos hacer política'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 05 de junio de 2001.

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