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Por fin, un gran Atlético

En su mejor partido, los rojiblancos golean al Salamanca

Noticia en el Calderón: el Atlético y el buen fútbol no son incompatibles. Entre la algarabía general, el conjunto rojiblanco se dio un homenaje y pasó por encima de un Salamanca sorprendentemente dadivoso, que tiró a la basura su juego, decente a ratos, porque en ataque mostró una desesperante inocencia y, a qué negarlo, porque Toni así lo quiso. El Atlético hizo exactamente lo contrario. Cada vez que llegó, golpeó con dureza. Dado que en su plantilla existen jugadores para los que el balón no es sino el enemigo, optó por la mejor solución: dejar que el Salamanca marcara el ritmo del choque y hacerle trizas al contragolpe, la mejor seña de indetidad de un equipo que lo mismo a partir de ahora se comporta como tal.La esperada variación táctica de Marcos dio un resultado fabuloso. Se dice que el cambio fue una sugerencia remitida desde los despachos. Que un buen día Futre le sopló al oído lo que debía hacer y Marcos obedeció sin rechistar. Que el jefe dice que hay que jugar sólo con dos centrales, pues con dos centrales se juega; que ordena que la banda izquierda sea de Luque, pues ahí está Luque; que opina que como Kiko no hay ninguno, pues a disfrutar con Kiko. Sea o no cierto que Futre fue el instigador de la revolución, lo que resulta innegable es que la medida ha tenido un éxito inmediato.

ATLÉTICO 3-SALAMANCA 0

Atlético: Toni; Gaspar (Njegus, m. 89), Santi (López, m. 85), Hibic, Toni Muñoz; Aguilera, Juan Gómez, Hugo Leal, Luque; Kiko (Correa, m. 82) y Salva.Salamanca: Stelea; Juampa, Leo Ramos, Juanma, Dorado; Rogerio (Zé Tó, m. 71), Barbará (Pinilla, m. 46), Pedro, Munteanu (Pepe Domingo, m. 46); Quique Martín y Toedtli. Goles: M. 13. 1-0. Combinación entre Kiko, Salva y Aguilera, cuyo disparo lo rechaza Stelea, pero el balón le cae a Salva, que fusila. 2-0. M. 37. Juan Gómez envía a Luque, que deja a Aguilera para que éste marque tras driblar a Stelea. 3-0. M. 83. Luque centra desde la izquierda, Salva cabecea en plancha y cuela el balón por debajo de Stelea. Árbitro: Teixeira. Amonestó a Santi, Salva, Hugo Leal, Juampa, Pepe Domingo, Pedro, Dorado y Juanma. Unas 40.000 personas en el Calderón.

Dado que el Atlético le tiene alergia al balón, poco importó que durante casi todo el partido fuera el Salamanca quien gobernara el juego. Y menos importó cuando, al poco del inicio, en el primer contragolpe de los rojiblancos, Kiko lanzó a Salva, éste habilitó a Aguilera, cuya posición protestaron los jugadores del Salamanca, y aunque Stelea sacó el disparo del lateral no pudo hacer lo propio con el de Salva, que estuvo donde está cualquier goleador que se precie.

Todo se le ponía de cara a un Atlético que aseó su juego con respecto a anteriores ocasiones, lo que tampoco resultaba complicado. Y como el equipo sigue con el manual del contraataque a mano -mucho más si en las bandas se situán dos tipos que van a todo tren como Aguilera y Luque- fue lógico que se sintiera tranquilo, con el marcador a favor y convencido de que que la capacidad de ataque del rival empezaba y acababa en el argentino Toedtli, que se hartó de acumular ocasiones al mismo ritmo que se hartó de fallarlas.

Pero además, el cuadro rojiblanco mostró un talante desconocido. La parroquia comprobó, sin duda sorprendida, que Kiko aparecía aquí y allá intentando robar el balón. Y lo que es aún más llamativo, ¡robándolo! Comprobó también que el habitual ejercicio muscular de Juan Gómez estuvo ayer acompañado por un cierto criterio a la hora de mover la pelota, una posibilidad ésta que parecía descartada. Fue una tarde de buenas noticias a orillas del Manzanares. Cualquier otro día, el Salamanca hubiera aterrorizado al Atlético con su toque de balón, sus triangulaciones y esa búsqueda incansable del siempre presto Toedtli. Pero ayer todo fue distinto, para solaz de la sufrida parroquia. De repente, el Atlético se descubrió como equipo. Como se descubrió Juan Gómez progresando por la banda izquierda, levantando la cabeza y enviando el balón con enorme sentido a Luque, que tardó una milésima en adivinir la llegada de Aguilera para que éste le pusiera el broche a una jugada fabulosa.

Nadie protestó porque el Atlético, con dos goles en el zurrón, se echara atrás. Era el momento de disfrutar con las arrancadas de Aguilera, que vive en estado de gracia; de disfrutar, también, con la habilidad de Luque, con el buen gusto de Hugo Leal, con el empeño de Juan Gómez y con la fantasía de Kiko, que se retiró en camilla al sufrir un esguince cervical. Lo demás quedó en las mejores manos: las de Toni.

Jugaba el Salamanca y se divertía el Atlético, que puso los cinco sentidos en la tarea, acunado en una táctica alejada de los disparates de antaño. Y como Salva está para lo que está, no resultó extraño que llegara el tercero, cuando ya el Salamanca había bajado los brazos, incapaz como era de ponerle algún gol a su dominio. El Atlético fue fiel a sí mismo, se dejó de urgencias, apeló al sentido común y provocó el jolgorio en una afición tan fiel como poco acostumbrada a tamaña felicidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de diciembre de 2000