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TRIBUNA

Un título entre tres

- Irvine. Japón es el circuito donde mejor funciona. Allí comenzó a correr bien, con Jordan (1993), y con Ferrari fue segundo en 1998 por ayudar a Schumacher. Para mí es un buen segundo piloto. No es el típico piloto capaz de resolver él solo un campeonato del mundo. Irvine ha necesitado carambolas de todos para tener opciones al título. Con él al frente, Ferrari ha perdido el norte en la puesta a punto. En Japón va a salir a por todas, pero su principal ventaja es contar con Schumacher como aliado. Tiene mucha experiencia y puede mantener la diferencia. Pero si es campeón deberá agradecerle mucho a Schumacher.- Hakkinen. Ha tenido dos etapas en su vida: la anterior al accidente de Australia (1996) y la posterior. Antes era un piloto que se permitió el lujo de sacar una décima a Senna en Portugal, en su primera carrera en McLaren. Cometía errores, pero era muy rápido. Después, dejó de ser tan rápido pero ganó consistencia. Podía hacer una vuelta excelente, pero era más conservador. Ahora es cada vez más seguro, ya no pelea. Pero en esta carrera deberá hacerlo para evitar que Schumacher le supere en la salida. Si los Ferrari van delante de los McLaren, Hakkinen deberá sacar todo lo que lleva dentro para ser campeón. Y eso es muy malo, porque con los años te vas fosilizando psicológicamente y cuesta recuperar el espíritu luchador del principio.

- Schumacher. Es el mejor piloto actual. En esta carrera será el director de orquesta. Los demás bailarán al son que él diga, es el único capaz de hacerlo. Comete muy pocos errores. Es fiable y saca medio segundo por vuelta a los demás. Ni él sabe cómo, pero lo hace. Y si llueve puede marearles a todos, porque si ya en seco es superior, en mojado lo es aún más. Si va por delante de Hakkinen, el finlandés tendrá muy pocas posibilidades.

Adrián Campos fue piloto de F-1 en 1987 y 1988.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de octubre de 1999