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Tribuna:

Matrimonio

Rafael Azcona lo hubiera resuelto antes. Dice el veterano guionista, que ha dibujado para el cine matrimonios convencionales y parejas estrafalarias, que el matrimonio es cojonudo: lo peor es la convivencia. Hay muchos sistemas para aliviarla. El más radical es la separación, que siempre deja mediadas las bibliotecas y las videotecas. Hay métodos intermedios, como el método Sartre, que consiste en mirar para otro lado a media tarde, hacer el amante bizco y partir territorios una vez agotado el cupo diario de coexistencia pacífica. Lo peor es el atardecer oscuro, cuando nadie se pone de acuerdo acerca de qué se debe hacer después de cenar, si mirar cine o mirarse. El vídeo pudo haber matado la estrella de la radio -que no pudo- pero salvó muchos matrimonios, porque siempre hay películas sobre las que la gente está de acuerdo. Una buena selección de películas viejas, de las que amó todo el mundo alguna vez, puede salvar un matrimonio, o por lo menos prolongarlo. Quizá Azcona, como otros, ha hecho cine para salvar matrimonios; gente así, con tanto conocimiento del medio, podría fabricar listas de películas para aliviar conflictos de convivencia, según la intensidad de las peleas matrimoniales. Tendría clientes. Ahora ha dicho Hillary Clinton que su convivencia ha estado malparada últimamente, porque su esposo, el presidente, "es un perro difícil de mantener atado en el porche". Pero ella sabe cómo atarlo a la difícil disciplina de la cama. La cama es el instrumento que siempre sobrevive, y ha cobrado actualidad en el último medio siglo también gracias a la televisión y, consiguientemente, al cine. Ella dice que la pasión actual que los une se deriva de lo bueno que es él, pero también a una selección de buen cine. "Nos gusta", dijo, "tumbarnos en la cama y mirar viejas películas". Las verán sin interrupciones, porque lo peor de este remedio para la convivencia, antes, era que interrumpían los filmes para la publicidad, y entonces los matrimonios recordaban viejas rencillas y se decían, más o menos: "¡Perro! ¡Te tendría que tener atado en el porche!" Desde que Fellini hizo su cruzada a favor de las películas sin cortes -y gracias al vídeo, mayormente- este placer de ver viejas películas es interrupto. Y eso es lo que ha salvado, por ahora, el matrimonio de los Clinton, que es cojonudo como todos los matrimonios si no fuera por la convivencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de agosto de 1999