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Entrevista:

ROSA REGÁS ESCRITORA "Cuando tuve a mis hijos, tuve que dejar a un lado la literatura"

A la escritora Rosa Regás (Barcelona, 1933) le trae sin cuidado la evolución física del libro en soportes imposibles hoy, y muy probables mañana. Aunque se declara defensora a ultranza del placer de palpar un volumen cualquiera entre las manos, no cuestiona que los derroteros tecnológicos acaben inyectando literatura desde una ventana multimedia. La autora de la novela Azul (Premio Nadal del año 1994) y el compendio de relatos Pobre corazón (1996) ha reflexionado recientemente en Almería sobre el incierto futuro del libro, en las jornadas celebradas por la asociación Amigos del Libro Infantil. Mientras prepara la que será su próxima novela saca ratos para hablar de su trayectoria profesional y de la necesidad de hallar un lugar "libre" en la mente donde fabular. Pregunta. ¿Se siente derrotista por lo que el futuro pueda deparar al libro? Respuesta. No me siento derrotista en absoluto. No sé cómo será el libro del futuro. A lo mejor si viene en soporte de televisión se cortan menos árboles y al planeta le vendrá mucho mejor. Pero a mí me gusta más leer un libro que mirar una pantalla. P. ¿Cree que el formato futuro reducirá el número de lectores? R. Sea cual sea el futuro, como objeto, como intercambio comercial, el libro lo resistirá todo si se mantiene el placer de la lectura. La lectura aporta imaginación, memoria, entusiasmo. Aunque todo eso sea más difícil que ver la tele, a la larga genera mucho más placer. P. ¿Es posible que el retorno a la oralidad potencie la afición literaria? R. No soy pesimista con lo que le suceda a la literatura. Si la oralidad vuelve, bienvenida sea. Creo que la belleza de la literatura entra en el alma de la gente en pequeños ámbitos, más que en grandes ciudades. Al fin y al cabo, las grandes ciudades son la suma de barrios porque como ciudades son desbordantes. P. ¿Viene de ahí su rechazo a la idea de Estado? R. No a la de Estado sino a la de nación. No creo en la Europa de las naciones pero sí en la Europa de las ciudades. Lo de aferrarse a la nación debe desaparecer. Pero cada uno es libre de sentirse como quiera. P. ¿Le ha costado trabajo llegar a cotas de libertad como escritora? R. Luché hasta que la tuve. Se trata de contar con un lugar libre en la mente para fabular. Si tienes el niño llorando o tienes que llevarlo al colegio ese lugar es difícil que aparezca. Por eso cuando tuve a mis hijos, tuve que dejar a un lado la literatura. Lo que ocurre es que el papel de la mujer tal como lo quiere la iglesia católica o la derecha más reaccionaria es incompatible con la lectura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de mayo de 1999