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Tribuna:

Riesgo latente

Los inversores empiezan a distinguir entre riesgo latente, que es el que existe en la crisis brasileña, y el riesgo inmediato, que es el derivado de reacciones puntuales. Ayer, se pasó de uno a otro en unas pocas horas y lo que parecía ser un nuevo desastre terminó en una jornada positiva para los que supieron valorar los matices.

La contratación fue mediocre para este ejercicio, poco más de 1.000 millones de euros, 174.256 millones de pesetas, que indican que los inversores empiezan a tomarse las cosas con calma después de ejecutar las operaciones más urgentes, precisamente las que han dado lugar a un proceso de apertura de ejercicio tan dinámico.

La volatilidad empieza a ser un compañero de viaje habitual, a veces incómodo, pero del que pueden obtenerse importantes servicios si se sabe acompasar la marcha. La bolsa española ha recibido en los últimos años una importante inyección de papel a través de las privatizaciones, pero la presencia de los fondos de inversión y el incremento de los paquetes de control por parte de las grandes entidades le han devuelto la estrechez acostumbrada. A esa circunstancia hay que añadir el incremento de los márgenes mínimos de oscilación de los precios debido al mayor valor de un céntimo de euro frente a una peseta para entender en sus justos términos lo que pasa en el mercado.

Ayer, se primó a las sociedades eléctricas por el plan de expansión de Endesa, mientras que se castigaba la premura de algunos bancos para tomar unas decisiones que, para los especuladores, están muy claras desde hace un par de semanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de enero de 1999