FÚTBOL: 14ª JORNADA DE LIGA

El Mallorca, líder indiscutible

El conjunto mallorquín mereció una victoria más amplia en su visita a Zaragoza

La solidez del Mallorca en el liderato comienza a ser indiscutible. En La Romareda ni siquiera necesitó especular con el balón. Planteó un partido decidido, mirando a la puerta contraria, jugando con velocidad y con cambios de orientación que le hicieron merecedor de una amplia victoria. Demostró que defender no es sólo una cuestión de amontonar hombres atrás y vapuleó al Zaragoza. Fue el triunfo del orden sobre el caos.Quien se mantiene fiel a la especulación y la racanería es el Zaragoza de Txetxu Rojo. Incapaz de dedicar un detalle para los aficionados, el resultado es el único argumento de un equipo tan aburrido y soporífero como previsible. La obsesión del equipo por mantener el cero en su portería le impide mirar a la contraria, hasta el punto que Milosevic ha quedado como única referencia en ataque.

ZARAGOZA 0

MALLORCA 1Real Zaragoza: Juanmi; Cuartero (Yordi, min. 81), Aguado, Paco, Pablo; José Ignacio, Aragón (Wooter, min. 45), Acuña, Marcos Vales (Gustavo López, min. 27); Jamelli y Milosevic. Mallorca: Roa; Olaizola, Siviero, Marcelino, Soler; Engonga, Lauren, Stankovic (Niño, min. 87), Ibagaza (Paunovic, min. 61); Dani y Biagini (Paco Soler, min. 69). Gol: 0-1. M.19. Marcelino aprovecha el despiste de la defensa zaragocista para tocar suavemente con el pie un lanzamiento lateral de falta. Arbitro: Pérez Lasa. Expulsó por doble amonestación a Milosevic (min. 78). Mostró tarjetas amarillas a Stankovic, Aguado y Marcelino. Unos tres cuartos de entrada en el campo dc la Romareda: aproximadamente 25.000 espectadores.

En un partido dominado por los sistemas, las decisiones de los entrenadores fueron determinantes en el comienzo del encuentro. Rojo, en su semanal revolución del equipo, se llevó a Santiago Aragón al volante izquierdo. El resultado fue un equipo sin conductor y que despreciaba las bandas en la línea medular.

El Mallorca lo interpretó de inmediato y a los diez minutos decidió iniciar su particular cruzada en busca de la portería de Juanmi. Con Ibagaza repartiendo juego a sus anchas y Lauren y Stankovic aprovechando los enormes espacios que se encontraban por delante, el gol no tardó en llegar. Fue en la primera acción entre los palos y gracias a un monumental despiste de la defensa zaragocista en una acción a balón parado.

No necesitó más el líder para demostrar su condición. Tenía por delante más de una hora para jugar como le gusta y lo hizo a placer. Templando, desplazando el esférico de banda a banda y contragolpeando en cuanto veía espacio, le dio un baño al Zaragoza.

Rojo, como también comienza a ser habitual, tuvo que reaccionar sobre la marcha y cambiar de arriba a abajo la alineación. Antes de la media hora dio entrada a Gustavo López y tras el descanso, a Wooter. Lo que inicialmente era un planteamiento de contención y espera en busca del contragolpe, se convertía así en la prueba de la desesperación.

El Mallorca ni se inmutó. Parecía estar al margen de todos los debates. Se limitó a recuperar la línea tradicional de esta temporada. Se agazapó frente a su área, juntó defensa y medio campo y comenzó a juguetear con el Zaragoza.

Los jugadores del cuadro aragonés ponían empeño y corazón, pero exhibían una inocencia impropia de hombres de Primera División. Se hicieron con la posesión del balón y el dominio territorial, pero sólo porque el Mallorca quiso y nunca inquietaron a Roa. Muy lejos queda ya ese equipo que fue líder del campeonato en las primeras jornadas de Liga.

La segunda parte fue desesperante para el público, que cuestionó el planteamiento inicial de Rojo, exigió el cambio de Aragón y protestó ruidosamente el penoso juego de su equipo. La impotencia de un equipo y una afición que ante el cuadro balear comprobó las enormes carencias de su equipo.

El 0-1 final resulta engañoso para los méritos que hizo el Real Mallorca ante el Zaragoza en el encuentro de ayer. Sirve, eso sí, para la estadística mallorquinista de ganar casi siempre por la mínima diferencia a sus rivales, pero no responde a la tremenda superioridad que evidenció ayer sobre el terreno de juego de La Romareda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 13 de diciembre de 1998.

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