Macarrónico
DE PASADAALEJANDRO V. GARCÍA ¿Qué quiso decir el eurodiputado del PP José Luis Valverde cuando, en la apertura de la sesión del Parlamento Europeo de los Jóvenes, celebrado en Granada, se despidió de la concurrencia deseando "feliciteichon y congratuleichon"? ¿De qué idioma extrajo su cordial "feliciteichon" y por qué recurrió a esa patriótica conjunción copulativa, que, sin embargo, llaman "i" griega, para enlazar con el "congratuleichon"? Valverde había empezado su discurso en español y luego, sin apuro, pasó a un francés seco, un poco garbancero, con unas desinencias más manchegas que francesas. Después de Valverde le tocó el turno a la eurodiputada socialista María Izquierdo, que tras emplear el español, ensayó un francés tembloroso, lento, de vocabulario elemental, que fluía con una densidad de miel de abeja. Hasta el lunes pasado no se me había ocurrido pensar en qué idioma hablan nuestros europarlamentarios, cuáles son sus recursos lingüísticos para defender los intereses nacionales ante los obcecados comisarios. No piensen mal: nuestros eurodiputados no hablan un mal francés o un pésimo inglés, sino que dominan un idioma nuevo, acomodaticio, mixto, maleable, tan versátil como el euro: el europeo macarrónico. La propia comunidad europea, con sus pendencias agrarias, sus inflexibles comisarios de extracciones remotas, sus debates parlamentarios inútiles, tiene algo de unión macarrónica de naciones. El uso sincrónico de los diferentes idiomas y la larga costumbre de escucharlos en las dependencias de Estrasburgo han consolidado esta modesta variable del don de las lenguas que es el europeo macarrónico, pues aunque se ignore el inglés o el francés, cualquiera comprende perfectamente los que hablan Valverde o Izquierdo. Este milagro no tiene otra explicación sino el profundo casticismo que impregna cualquier variante del europeo macarrónico. Hablar macarrónicamente no es un defecto, pues su antecedente culto, el latín macarrónico, lo hablaron sin complejo incluso grandes humanistas del Renacimiento. ¿Saben cómo el diplomático Jerónimo Münzer que visitó Granada en 1494 se las ingenió para escribir sobre Boabdil, el Rey Chico? Así: Boabdil, junior rex.


























































