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El baloncesto, por los suelos

El Madrid venció en la prórroga al Cáceres

Fue un partido agónico. Por malo, por prolongar la agonía del débil y por trasladar el esperpento al banquillo. El Madrid arrastró sus miserias por la cancha y Arlaukas asistió como invitado de piedra. "No jugó por decisiones técnicas que no quiero comentar", justificó Miguel Ángel Martín. El Madrid estuvo maniatado, torpe, partido y al Cáceres le pudieron los nervios. Sólo por eso ganó el Madrid.

Sucedió todo ello en medio de un juego lento, pobrísimo de recursos, llevando el baloncesto a sus más bajas cotas. El Cáceres, con un quinteto inicial digno pero mirando con pánico al banquillo, tiró por la vía lenta. Sólo que al grupo de Comas le pudo un respeto exagerado por el rival y falló estrepitosamente en el tiro exterior. En esa situación, el Madrid, ante un rival medianamente armado, hubiese sido carne de cañón. Pero la crisis este año se generaliza por la ACB. El Cáceres es imprevisible. Después de ocho nuevos fichajes, jugó buena parte del encuentro con un extranjero y medio (a Nickerson le da miedo mirar el aro).

El segundo periodo prolongó la agonía. El Madrid, con poco que le presionara el Cáceres, agotaba el tiempo o escurría el bulto. El cansancio se acumuló. El "salvesé quien pueda" fue consigna generalizada. El Cáceres, dadas las circunstancias y sus limitaciones, se mantuvo como pudo en el partido. A tirones, arañando puntos, el Madrid inició tímidos despegues y el Cáceres, con Rivas, Paraíso y Mackey, mantuvo la tensión. El desastre continuaba al borde de los 6,25 metros, los nervios resurgieron y se llegó a la prórroga. Pero a los de Comas les faltó aplomo. Ante un rival con una mínima consistencia el Madrid hubiera perdido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 1998