Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL PENÚLTIMA JORNADA DE LIGA

El Sporting 'ascendió' a Primera

El Rayo deberá jugárselo todo ante el Barcelona

El Sporting ascendió ayer a Primera División. Así lo habría que interpretar en honor de Miguel Montes. El entrenador del Sporting advirtió, cuando sustituyó a Floro a falta de ocho jornadas, que cogía al equipo en zona de descenso y, por tanto, se disponía a jugar una especie de liguilla para volver a Primera. El veterano técnico, que ha pagado con el insomnio estos dos meses de angustia, recibió ayer la mejor de las recompensas: salvó a su equipo y se emocionó al oír cómo 30.000 gargantas gritaban su nombre. A pocos metros de él, Máximo Hernández empezaba a pensar en lo que se le viene encima, ya que tendrá que jugárselo todo a la victoria frente al Barcelona en la última jornada.El Molinón volvió a llenarse dos años después de aquella conmoción angustiosa frente al Lleida. En realidad venía a hacer lo mismo. Aunque todavía quedaba otra oportunidad, ningún sportinguista quería pasar por el trance de jugarse la vida en Oviedo. El gol de Tomás, con la colaboración de Contreras, supuso cierto alivio, aunque llegaba demasiado pronto. Incluso en El Molinón, 82 minutos son demasiado largos cuando hay tanto en juego. Y se notó. El Rayo había empezado ofreciendo un aspecto temeroso y cansino, sin capacidad para dar vidilla a sus dos puñales, que tenían atemorizados a los jugadores locales.

El partido, como correspondía a la identidad de los protagonistas, tuvo más fallos que aciertos, mucha más tensión que desparpajo. Un error de Acebel abrió una autopista para José María, que entró hasta la línea de fondo y dio un pase a Klimowicz para que empujara el balón. Pero el argentino, una nueva versión de Julio Salinas, golpeó al aire y hundió a su equipo en la miseria. Dos semanas después de su gloriosa tarde frente al Valencia, Klimowicz iba a dar mucho que hablar, pero para mal. Todavía en el primer tiempo permitió con su lentitud que Acebal le sacara un balón con el que hubiese podido fusilar a Ablanedo.

El delantero argentino tuvo oportunidad de desquitarse después, en tres jugadas que decidieron el partido y acabaron torciendo el destino del Rayo. Primero largó un cañonazo que se perdió por centímetros encima del larguero. Después avivó la polémica en un choque con Ablanedo fuera del área en el que el árbitro no pitó ni falta, mientras los rayistas pedían la expulsión. Klimowicz completó su agenda de calamidades con un cabezazo fácil que Ablanedo sacó felinamente a córner.

Para el Sporting acabó siendo un partido típico de la breve era Montes. Un gol para calmar ánimos, varios sustos aliviados por Ablanedo y, cerca del final, la aparición de Tcherishev para olvidar penas. Pero en el minuto 80 con El Molinón al borde del colapso ante el empuje rayista, Tcherishev marcó el gol de la verdad. Llegó en el momento justo para la celebración y el unánime reconocimiento a Montes. Ya en el descuento llegó incluso un 3-0 made in Mareo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de junio de 1997