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FÚTBOL 22ª JORNADA DE LIGA

El Madrid abre brecha

El equipo de Capello jugó con vigor y determinación para superar al Deportivo y ampliar su ventaja

, Desde atrás, con entereza y determinación, el Madrid llegó para superar al Deportivo y abrir una brecha apreciable sobre el Barcelona. Por dos veces se recuperó de los goles de Conçeiçao y Martins, con unas respuestas inmediatas que incomodaron al equipo gallego, que no dispuso del tiempo suficiente como para manejar el desarrollo del juego. El Deportivo hizo un partido interesante, aunque le faltó el brío del Madrid, que se llevó la victoria por corazón y contundencia.Cualquiera que sea la situación del Deportivo, siempre es un equipo atractivo. En Chamartín confirmó su estado de convalecencia. Jugó un punto por debajo de la categoría de sus jugadores y le faltó un poco de energía en su juego. Y cuando el partido se le puso favorable tampoco consiguió blindarse. Se nota que no es un equipo feliz. Hay una cierta tristeza que se advierte en el escaso interés a disponer del balón, en la leve presión que ejerce sobre los centrocampistas rivales, en una tendencia a taparse y buscar el rédito del contragolpe. Pero incluso en su versión más ligera, el Deportivo tiene un armamento considerable, gente muy capaz de alterar un partido con un recurso ingenioso. Por eso, el Madrid, que estuvo dominante casi siempre, vivió el partido con una sensación de riesgo, especialmente por la calidad y la llegada de Rivaldo, Flavio Conçeiçao y Martins. Porque en cuestión de delanteros, el Deportivo tiró a Maikel a los cocodrilos. Su combate en el primer tiempo frente a la sólida defensa madridista fue tan generoso como improductivo.

Frente a la tibieza actual del Deportivo, el Madrid se empleó con la energía que acostumbra. Y dadas las condiciones del encuentro, frente a un equipo defensivo que además se colocó con ventaja en dos ocasiones, se vio en la obligación de llevar el juego. Lo hizo con entusiasmo, con la vitalidad de un equipo que se sabía líder y que quería abrir brecha en la clasificación. El Madrid atacó con ganas y se ganó unas cuantas oportunidades, aunque entre medias se encontró con los goles de Flavio Conçeiçao y de Martins. La resolución de Conçeioçao en el primer tanto resultó magnífica, pero el gestor de la maravilla fue Rivaldo. La jugada nació de manera intrascendente, un pase corto a Rivaldo, metido en su campo, quizá demasiado libre para la costumbre presionante del Madrid. Rivaldo avanzó sigilosamente por la izquierda, con el aire relajadísimo que le caracteriza. Enfrente tenía a la defensa del Madrid perfectamente colocada, pero no lo suficiente como para desactivar el majestuoso pase cruzado, limpio y preciso de Rivaldo a Flavio Conçeíçao, que venía como un tiro por el -otro callejón. Tan rápido que superó a Roberto Carlos, siempre fiado a su velocidad.

Entre unas cosas y otras, el partido resultó intenso y muy entretenido. El ejercicio del Madrid tuvo un mérito enorme. Demostró entereza para sobreponerse a los goles del Deportivo y volvió a manifestar su contundencia en las respuestas. Contestó inmediatamente a cada tanto gallego, al primero con un frentazo de Panucci, que volvió a manifestar su poderío en el juego aéreo. El empate impidió la estabilización del Deportivo, que durante la primera media hora sufrió un duro asedio.

Sólo en el último tramo del primer tiempo se equilibró el juego. Pero el segundo periodo comenzó de forma trepidante y subió la nota del partido, que terminó de manera apasionante. Toshack cambió el dibujo para añadir un poco más de pimienta al ataque. Retiró a Djukic, que pasó sin gloria, y metió a Manjarín. El nuevo sistema (4-2-3-1) colaboró en la mayor producción ofensiva del Deportivo, que marcó el segundo en otra excelente jugada. Pero el Madrid volvió a apagar el incendio. Hierro, tan criticado por la hinchada por su. anterior ineficacia en los tiros libres, marcó con un remate colosal, no el bombazo de Barcelona el pasado jueves, sino un tiro envenanado, con rosca, directo a la escuadra.

El coraje y la precisión de sus respuestas propulsaron al Madrid en el último asalto. Volvió a la carga hasta que alcanzó el gol de la victoria, un tanto que puede tener un carácter decisivo en el campeonato. Para entonces, Raúl estaba en el campo. Entró a jugar porque su equipo y la ocasión le necesitaban. Y Raúl algo tuvo que ver en el triunfo. Su participación en el tercer gol fue determinante. Roberto Carlos llegó en tromba por la izquierda, metió la pelota en el área y allí Raúl hizo lo que debía: cómo estaba de espaldas a la portería, cedió hacia atrás con un toque delicadísimo. El resto corrió a cargo de Suker, que cruzó un remate perfecto.

Con el gol y con la ventaja, Chamartín fue un delirio. Era el momento de abrir un agujero apreciable sobre el Barça y hacerlo en un partido difícil, trabajoso, incierto hasta el final, porque el juego se descosió y el gol fue posible en las dos porterías hasta el último minuto. Y si no, ahí queda el remate final de Rivaldo, despejado admirablemente por Illgner en medio del silencio helado de la parroquia madridista, que celebró el resultado con el entusiasmo que cabe esperarse de un excelente partido y de una gran victoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de febrero de 1997