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DECIMOTERCERA JORNADA DE LIGA

El Barcelona estrena liderato

Los azulgrana golean al Albacete en un áspero partido.

El liderato le llegó ayer al Barcelona cuando cosía más que cantaba. Tan centrado estaba el equipo azulgrana en la áspera labor que le supuso el inofensivo Albacete que tuvo que pellizcarse y confirmarlo dos veces. Tampoco hubo cohetes en el Camp Nou. El equipo continúa con el pico y la pala en las manos. Sigue tras la pista del dream team, el de las buenas épocas, aquél que despachaba los partidos con ascendencia encomiable. No es el caso. No fue el caso ayer. Le costó al Barcelona, si no ganar, sí acomodarse y disfrutar de una sesión de noche que prometía. El Albacete llegaba derrengado -sin cinco titulares y con un equipo plagado de canteranos y jóvenes de su filial de Tercera, el Hellín-, mientras que se enfrentaban los dos equipos de Madrid Pero incluso la hinchada subestimó el liderato y, además de acoger con bronca el gol del Real al hasta ayer líder Atlético, se dedicó a exigir más fútbol.Cruyff cambió de ubicación, pero no su desconcertante proceder. El técnico, levantada cautelarmente su sancion, eligió a Figo y Popescu para que se sentaran junto a él en el banquillo. Se pasó la semana encendiendo semáforos ámbar ante la visita del Albacete, pero fue él y no otro el que faltó a dos sesiones de entrenamiento y el que prescindió de los dos extranjeros que más azuzó el día anterior al partido. El técnico azulgrana planteó un equipo muy compartimentado. La defensa de la selección, Guardiola como medio centro, los jóvenes canteranos -Roger, Toni y Celades- en el centro del campo y los foráneos -Prosinecki, Kodro y Hagi- delante, intercambiando constantemente sus posiciones.

Le faltó al Barcelona inspiración y chispa. Pagó las carencias de Prosinecki y Roger a la hora de recuperar el balón o presionar al rival, y la contumacia de Kodro. No logra destaparse el delantero bosnio, tomar la distancia correcta y seguir el rastro del gol. Su olfato parece difuminado. Tampoco estuvo Iván de la Peña, de quien Cruyff prescindió. Su clarividencia se echó en falta, pero su presencia hubiera tenido que desplazar por fuerza a algunos de los jugadores que menos balones recuperan.

Pero la sencillez de Guardiola y Celades, bastaron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de noviembre de 1995