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NECROLÓGICAS

Carlos Hernández Crespo, decano de los registradores

El fallecimiento de Carlos Hernández Crespo nos anima a recordar a una extraordinaria personalidad del mundo jurídico español que ha contribuido de forma decisiva a la modernización de los Registros.Jurista brillante, ha dejado constancia de su talento en la Comisión General de Codificación, en la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Valladolid y en buen número de publicaciones donde ha sentado doctrina, fundamentalmente en el campo hipotecario, del que era un conocedor excepcional.

Registrador desde 1949 en Medinaceli (Soria), Tineo (Asturias), Nava del Rey (Valladolid), Béjar (Salamanca), Don Benito (Badajoz), Cáceres, Valladolid y Madrid, fue elegido decano del Colegio de Registradores en 1982.

Su paso por el Decanato (1982-1990) ha sido decisivo en el proceso de reforma de los Registros de la Propiedad y Mercantiles. Una clara intuición de las necesidades de la sociedad moderna, una voluntad decidida para conducir el cambio y una trayectoria ejemplar en el Cuerpo que se traducía en autoridad moral para nuclear consensos, fueron factores decisivos para movilizar el gran salto de los registradores en los noventa.

El Congreso de Barcelona en 1988, que sentó las bases de la modernización de los Registros, fue la gran apuesta de Hernández Crespo. Puso su prestigio por delante, jugó fuerte y se supo ganar el respaldo de sus compañeros y la confianza de la Administración. Su pretensión era sencilla pero encerraba una carga de intencionalidad considerable: "Un Registro abierto a la sociedad". Ahí radicaba su espíritu reformista: abrir los registros, acercarlos a los ciudadanos y servir al usuario.

Castellano viejo, austero y socarrón, Carlos Hernández Crespo encamaba el virtuosismo propio de los grandes personajes que marcan un tiempo y dejan una herencia imperecedera. En su caso, la combinación de la sencillez, la sabiduría y el sentido común le convertían en un personaje entrañable e irrepetible. El Gobierno y sus compañeros supieron apreciar en vida estas virtudes y le tributaron los mayores honores. La Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort y la Medalla de Oro y Brillantes del Colegio de Registradores muestran su reconocimiento a la tarea de un jurista sobresaliente y al talante reformador de un registrador ejemplar. abogado

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de septiembre de 1995