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Un Europeo politizado

Croacia dejó el podio antes de que Yugoslavia recibiera el oro

Robert Álvarez

La final del Europeo elevó el rango del baloncesto europeo y demostró el poder de enganche de este deporte. Fue de las mejores de los útimos tiempos. Pero estuvo rodeada de una serie de connotaciones arbitrales y políticas que hicieron de ella algo más que una final. Estuvo a punto de retirarse Lituania poco antes de acabar siendo derrotada por Yugoslavia por 96-90. La selección croata, una vez recibida su medalla de bronce y de que se colgaran al cuello la medalla de plata los jugadores lituanos, se retiró de la ceremonia para no escuchar el himno yugoslavo. Los jugadores de este país, desde el podio, insultaron con gestos evidentes a los croatas cuando éstos prefirieron hacer oídos sordos y dirigirse a los vestuarios antes que asistir a una ceremonia en la que los máximos protagonistas eran ciudadanos de un país con el que el suyo mantiene un largo conflicto bélico.Los problemas políticos del baloncesto europeo venían de lejos, pero nunca quedaron tan patentes como ayer. El Europeo, en principio, debía ser disputado por 12 equipos que salieron de una fase de clasificación en la que Yugoslavia no pudo estar debido al embargo deportivo decretado por la ONU, El levantamiento de este embargo poco antes de que finalizara 1994 permitió a la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) la invención de una fórmula para que Yugoslavia pudiera acudir a la fase final del campeonato disputado en Atenas. Hasta que se llegó a la final prácticamente no hubo mayores problemas.

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Pero el sábado, VIade Divac, una de las estrellas de la selección de Yugoslavia, manifestó: "Deseo que Croacia gane una medalla para que tenga que escuhar el himno de Yugoslavia". Ganó la final Yugoslavia y ganó Croacia la medalla de bronce, pero no se cumplió el deseo de Divac. Los croatas recibieron la medalla de bronce, pero, una vez que los lituanos se colgaron la medalla de plata al cuello, los jugadores de Croacia enfilaron camino del vestuario para no escuchar el himno yugoslavo. Mientras, los miembros de la selección yugoslava insultaban a los croatas. Borislav Stankovic, el máximo mandatario de la FIBA, no asistió, como suele ser habitual, a esta ceremonia, probablemente para evitar mayores problemas.

Marchulenis, elegido mejor jugador del torneo y la figura más carismática de Lituania junto a Sabonis, atacó a Stankovic por haber convertido el campeonato en una mera cuestión política y no deportiva, y dijo que la ausencia del secretario general de la FIBA en la ceremonia de entrega de medallas así lo confirmaba.

La final fue memorable por la calidad del juego de ambos equipos y por la igualdad constante que se produjo en el marcador, pero dejó abiertas serias dudas sobre la forma en que la FIBA puede encauzar y controlar la repercusión que sobre el baloncesto tiene la escalada en el conflicto balcánico.

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Sobre la firma

Robert Álvarez
Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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