El Sevilla salva el enredo realista
La Real planteó un enredo intragable que mantuvo la escasa razón de tal planteamiento poco más de media hora. Era el partido que se suele atascar al Sevilla. Mientras no hubo despistes, la Real se manejaba a sus anclas. La concentración de sus hombres bastaba y sobraba para detener al enemigo. Pero en el minuto 35 saltaron los resortes de la maquinaria inventada por Salva Iriarte. El Sevilla encontró la llave a traición. Llevar la presión a escasos metros de la media luna del área representaba un riesgo. Allí mismo se fraguó la derrota. Un despeje de Uría retorna al área. La espalda de un compañero dejó un balón muerto en la bota derecha de Dumitrescu. El rumano no se aturde, espera la salida deseperada de Alberto y entrega con suavidad a Marcos. El Sevilla ya tenía el partido donde quería.La Real, obligada a echarse el encuentro a1a espalda, no funcionó. Tardó muchos minutos en hallar el pasillo de Karpin y nunca enlazó con Kodro. El bosnio bajó de las nubes para encontrarse con un marcaje encadenado entre Jiménez y Diego que secaron la circulación entre cualquier centrocampista y el goleador balcánico. Ni las olió. Y al final, cómo no, remató Suker.


























































