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Paradojas de la inversión

En el interior del mercado los factores no alteran el pulso de nadie. El grupo bancario aburre, los eléctricos han abandonado hace tiempo el frenesí de los cambios de mano de grandes paquetes, y los petroleros descuentan apenas el fin de un ejercicio no demasiado boyante en el que pesaron en exceso el cóste de una guerra y los supuestos esfuerzos de una reconstrucción. Los sobreasaltos quedan reducidos apenas a las sociedades de cartera, que piensan en el ejercicio fiscal en términos de reordenación interna, o a los grupos de inversión articulados de forma más compleja, pero que finalmente arrojan perdidas o ganacias en función de las plusvalías o minusvalías bursátiles obtenidas en el curso del año. A estas alturas, la inversión vive inmersa en la más pintoresca de sus paradojas: es mejor cerrar un mal año que uno de bueno, cuando lo que se pone en primer plano no es el rabioso beneficio del corto plazo sino el balance de una trayectoria con sus inevitables implicaciones fiscales.¿Dónde está el soporte de este mercado?, se preguntaban hace unos días los analistas mas circunspectos. Ahora nadie piensa en ello; y como cada fin de año ha llegado la hora de los amnésicos.

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