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Tribuna

El diván de Viena

Los economistas siempre han comparado la circulación del dinero con los cuerpos líquidos. La fluidez o el flujo financiero han sido las metáforas típicas relativas a la circulación de los capitales, hasta que centenares de millones de dólares han empezado a cruzar el planeta gracias a la ayuda informática para convertir en realidad la idea de aldea global, que, afortunadamente, ayer funcionó a las mil maravillas. Se produjo una correlación directa entre el bajo precio del brent en los mercados de materias primas y la conducta de todas las bolsas, impulsadas por la mejora en Wall Street y Tokio a partir de una aparente mejora en la situación del Golfo.Está comprobado que nadie puede contar un sueño sin añadirle alguna cosa o sin suprimirle la simultaneidad de los hechos que transcurren en el escenario del sueño. En el sueño mítico de Sadam, preludio y pretexto de una intransigencia, se dio por supuesta esta pugna interpretativa que tan buen resultado ha dado a los estrategas y tan pésimas consecuencias ha supuesto para los mercados. Desde que se institucionalizó el análisis de los sueños en el diván de Viena, todo tiene un significado y está de más pensar que sueño y profecía puedan coincidir.

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