Maradona dio al Nápoles su primer titulo europeo, el de la Copa de la UEFA
El Stuttgart tuvo tocado al Nápoles dos semanas atrás, en el estadio de San Paolo, cuando se anticipó en el marcador. En los últimos minutos, sin embargo, vio cómo, incluida otra mano de Dios de Maradona -tocó con ella el balón en la acción previa al penalti que supuso el primer gol del equipo italiano-, el resultado se le volvía del revés. Había desperdiciado, pues, su mejor oportunidad. Claramente inferior, sus remotas posibilidades se esfumaron ayer muy pronto. Dos certeros pases de Maradona habían dejado todo visto para sentencia antes del descanso. El argentino, que también intervino de manera decisiva en el último tanto de su conjunto, sirvió en bandeja al Nápoles su primer título europeo. Fue dos años después de haberle brindado su primer scudetto liguero. Diego Armando, cuya segunda hija había nacido horas antes en Buenos Aires, tenía motivos de sobra para ser felicitado por sus directivos, sus compañeros y hasta su entrenador, Ottavio Bianchi, con el que vivió momentos de tensión a principios de esta temporada.Ni el testarazo de Klinsmann, ausente en el turno napolitano por hallarse lesionado e integrado en el Inter de Milán para la próxima campaña, a los pocos minutos de que Alemâo batiese con algo de fortuna a Immel ni la misma retirada posterior del brasileño, lastimado, descompusieron al cuadro que habría de proclamarse campeón. El Nápoles, en efecto, supo en todo instante cuidar su ropa en la defensa y nadar en los hábiles contraataques propiciados por su capitán. Así, el empate en este segundo encuentro no fue más que un espejismo. Sólo la desgracia de De Napoli, que engañó a su portero, Giuliani, en dos bazas -la primera, en un rebote involuntario, y la segunda, al calcular de manera fatal una cesión desde una banda y a bastante distancia-, regaló al Stuttgart, el verdugo de la Real Sociedad, el parco consuelo de no ser derrotado también en su Neckarstadion. Muchos aficionados locales no se molestaron en quedarse para verlo.


























































