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Tribuna:

Cervantes, Shakespeare y la visita de Isabel II

"Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día del mismo mes de 1616, pero la resistencia británica a aceptar el calendario gregoriano hizo que la historia registrase la efeméride en dos fechas diferentes". Esta frase -comienzo de un editorial de EL PAIS acerca de la visita a España de la reina de Inglaterra- ha planteado la duda: ¿es cierta tal afirmación?Cuando mueren Cervantes y Shakespeare, en Inglaterra aún regía el viejo calendario juliano, mientras en España -como en algunos otros países europeos- ya hacía 34 años que se había adoptado el moderno calendario gregoriano. Entre el gregoriano y el juliano hay un desfase en el cómputo del tiempo de varios días. De modo y manera que el 23 de abril de 1616 del año juliano corresponde al 3 de mayo del año gregoriano. Shakespeare y Cervantes mueren, pues, en la misma fecha, pero ésta no se corresponde con el mismo día al tratarse de calendarios diferentes. (La reforma ordenada por el papa Gregorio XIII en 1582 no fue acogida por igual en todas las naciones cristianas. Por ejemplo, las católicas Francia, Italia, Luxemburgo, Portugal y España la aceptaron el mismo año 1582, mientras que la protestante Gran Bretaña lo hace 170 años después, y no sin airadas quejas: "Devolvednos nuestros 11 días", reclamaron muchos.)

La idea de que la muerte de los dos genios de la literatura universal se produjo el mismo día está muy extendida. Por ejemplo, dos cervantistas de renombre, Juan Antonio Pellicer (1738-1806) y Martín Fernández Navarrete (1765-1844), coinciden en señalarlo así. No resulta extraño, por tanto, que también EL PAÍS incurriera en el error, por más que el sentido de la utilización de esa referencia histórica por el editorialista no sufra por ello: se trataba de señalar la existencia de elementos culturales compartidos por dos países cuyos destinos tienden ahora a converger en el común proyecto de construcción europea.

En este siglo, el historiador Luis Astrana Marín deshizo el equívoco que pesaba sobre lo que se tenía como significativa coincidencia histórica. En su prólogo a las obras completas de Shakespeare (Aguilar; decimocuarta edición, 1966) aclara que el glorioso poeta "muere el martes 23 de abril de 1616 (3 de mayo de nuestro calendario), diez días después de bajar a la tumba otro ingenio de su misma talla, nuestro inmortal Cervantes". Dejemos que ambos reposen en paz y recordemos los dos últimos versos que Shakespeare dictó para su epitafio: "Bendito sea el hombre que respete estas piedras / y maldito el que remueva mis huesos".Mayúsculas y minúsculas

La visita de la reina de Inglaterra ha dado motivo también a otras quejas de los lectores. La más señalada se refiere a la información que se titulaba así: El Rey de España y la reina de Inglaterra confían en unafutura solución amistosa para Gibraltar. ¿Por qué rey con mayúscula y reina con minúscula? Esta distinción ortográfica se repite en el texto de la crónica, aunque también aparece, en otra noticia sobre la misma visita, el término reina, referido a Isabel II, con mayúscula.

El subdirector de formación e investigación, Julio Alonso, explica que el titular estaba mal, .pero no porque se escribiese la palabra rey con mayúscula, mientras reina iba en minúscula, sino exactamente por todo lo contrario". Alonso se remite a lo que dice el Libro de estilo: "Esta palabra se escribe toda en minúsculas cuando precede al nombre ('el rey Juan Carlos') y con mayúscula inicial cuando va sola ('el Rey inauguró ayer'). Se puede escribir indistintamente 'el Rey', 'el rey Juan Carlos', 'don Juan Carlos', 'Juan Carlos I', 'el Monarca' o 'Su MaJestad". En consecuencia, el titular correcto debió ser éste: "El rey de España y la reina de Inglaterra confían en una solución amistosa para Gibraltar".

Julio Alonso adelanta que en la próxima edición del Libro de estilo se incluye una serie de matices en el apartado tratamientos referidos a la realeza. He aquí algunos:

"El nombre de cualquiera de los miembros de la familia real se escribirá precedido de 'don' o 'doña' siempre que se haga por su nombre de pila y sin tratamiento honorífico o título y sin el ordinal dinástico (don Felipe de Borbón y Grecia', pero 'Gonzalo de Borbón Dampierre'; 'don Juan Carlos', pero 'el rey Juan Carlos' o 'Juan Carlos l'). Para el Rey puede utilizarse igualmente el tratamiento de Monarca; para el Rey y la Reina, el de majestad (Su Majestad), y para el príncipe de Asturias, las infantas y demás miembros de la familia real, el de alteza o alteza real (su alteza real). En la Monarquía espaflola, los hijos del Rey son infantes, y ningún otro pariente. Y no hay más que un príncipe, el heredero del trono, con el título de príncipe de Asturias. Las hermanas de don Juan Carlos, doña Pilar y doña Margarita, se consideran hijas de rey; por tanto, infántas".

"Todos estos tratamientos y dignidades se escribirán en minúsculas cuando precedan al nombre o al título ('la reina Sofia', 'el príncipe Felipe', 'la infanta Elena', 'don Juan de Borbón') o cuando formen parte de un título compuesto ('el rey de España', 'el príncipe de Asturias'). Y con mayúscula inicial cuando se empleen solos ('el Rey', 'el Monarca', `Su Majestad', 'el Príncipe', la Infanta'). El plural con mayúsculas iniciales sólo se usará para 'los Reyes' o'Sus Majestades', pero no para 'las infantas' o para 'sus altezas reales".

"Estas excepciones cabe aplicarlas igualmente a las demás familias reinantes, pero sólo cuando, en un mismo texto, se cite a uno de sus miembros junto a otro de la española: 'los reyes de España e Inglaterra', 'el rey Juan Carlos y la reina Isabel','el Rey [por don Juan Carlos] y la Reina [por Isabel II] saludaron desde el balcón".

Como se ve, los lectores que han escrito o llamado por teléfono acerca de tanta anarquía de mayúsculas y minúsculas en el periódico del día 18 de octubre tenían más razón que un santo para protestar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de noviembre de 1988

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