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Crítica:'EL PRECIO JUSTO'

Gran oportunidad perdida

El regreso de El precio justo a las emisiones de TVE ha sido decepcionante. No por volver a merecer las críticas de sus anteriores detractores, que lo acusaron y lo acusarán de superficial, vulgar y abandonado a un comercialismo de muestrario y de tómbola. Tampoco por continuar presentando como aliciente único el cultivo de codicias consumistas y anhelos de tener. Ni por vulnerar las normas del Estatuto de Radio y Televisión sobre publicidad. Todo eso ya se daba por supuesto. Lo más frustrante es que los artífices del amasijo mercantil surtido, desde las lejías a los bancos fusionados, no hayan sabido superarse a sí mismos.La escenografía mantiene un monótono dorado, simbólico y abstracto en lugar de cuajarse de rectángulos variopintos destinados a publicidad estática polícroma y centealleante. El presentador viste con clásicos trajes de diseño desconocido, cuando podía mostrar en mangas o solapas la etiqueta del sastre o ataviarse con atuendo deportivo tatuado de distintivos y rematar en cinta de pelo y muñequeras el testimonio de su elección indumentaria. Nos quedamos sin conocer la identidad de los modistas de las azafatas y de los fabricantes de los cosméticos que las embellecen, con lo fácil que sería hacérnoslo saber a base de logotipos sobreimpresionados en las siluetas de las muchachas. Los concursantes tampoco se cuelgan rótulos más allá del soso letrero identificador. Y el público queda desperdiciado, cuando podía desplegar pancartas y corear sonsonetes con frases favorables a tal o cual producto. Una pena.

En busca del bien común

Pero el descuido no queda ahí. Se ha ignorado la principal posibilidad de sublimar el frenesí de escaparate empachoso: el sponsor global. Supongamos que el programa comenzase y terminase diciéndonos que el desfile de productos y precios llegaba hasta nosotros por el patrocinio de una entidad de peso. ¿Y por qué no apuntar a lo más alto, en búsqueda del bien común? Por ejemplo, al Ministerio de Economía y Hacienda. Los gestores de El precio justo podían ofrecer el concurso a los responsables del ajuste macroeconómico como factor de corrección en las tensiones de mercado. Nada de importaciones de choque o tipos de interés. Política retórica de precios en raciones audiovisuales para empezar la semana.Gozaríamos entonces del programa más rabiosamente consumista y rentable del mundo, convertido en impagable servicio público. La cuadratura del círculo a la que TVE es empujada empecinadamente por sus dirigentes. Están perdiendo una oportunidad majestuosa. ¡Qué lástima!

El precio justo se emite hoy a las 21.15, por TVE-1.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 1988