Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

En favor de la naturaleza

Hace poco pudimos ver Masacre -o Ven y mira, que de las dos maneras se ha llamado la película en España-: aquella trágica historia, entre el lirismo y el puro efectismo, de los rusos aterrorizados por la invasión nazi. Con esa obra conseguía su autor, Elem Klimov, reputación internacional.No era Klimov un recién Hegado: desde 1964 lleva haciendo cine, aunque nunca fuera hombre fácil y tuviera que esperar a que los vientos de la perestroika reconocieran sus méritos. Méritos que una película como Adiós a Matiora, su mejor película según quienes conocen su obra entera, demuestra a las claras.

Adiós a Matiora es un filme profundamente humano y melancólico. Su tema es el de uw pequeña aldea, Matiora, que pronto ha de verse sepultada por un embalse que están construyendo para obtener energía eléctrica. La película, claro, clama en favor de la naturaleza, pero sobre todo de la naturaleza humana: de esos habitantes a quienes se les niega su derecho a permanecer en el suelo que aman, que es como negarles su derecho a existir.

La montaña embrujada se emite a las 16

05 horas; Adiós a Matiora, a la 1.10 de la madrugada; Julieta o la llave de los sueños, a las 5.15, y Preso sin nombre, celda sin número, a las 7.20 del domingo, todas por TVE-1.

Como emblema humano de esa desesperada situación, Klimov presenta a la anciana Daría, una mujer que ha vivido toda su vida en Matiora y que no concibe otras tierras donde poder terminar sus días. La película, hermosa, sincera, nostálgica, estuvo prohibida en la URSS durante varios años, lo que ya demuestra el poco apego de Klimov a las líneas oficiales de la cinematografla soviética. A destacar de Larisa Sheptiko en el guión, directora de la excelente La ascensión y mujer de Klimov hasta morir un accidente de automóvil.

Las demás películas del día son la típica fantasía de la casita Disney para nuestras sobremesas sabatinas, La montaña embrujada, donde un par de huerfanitos deben vérselas con un malvadísimo todopoderoso -estupendos y muy divertidos Ray Milland y Donald Pleasence-. Además, que quiere hacerse con los poderes de los niños; Julieta o la llave de los sueños: un Marcel Carné de segunda -no el el de Le jour se kve ni Qua¡ des brumes-, con el mítico Gerard Philippe en sus días de máximo esplendor, y una trama sugerente: un preso que sueña con su amada, a la que intuye ya infiel o desenamorada y recrea en sus sueños la realidad de que se le escapa; y una película inédita, Preso sin nombre, celda sin número, dirigida en 1983 por Linda Yellen. Se trata de contar, a partir de un argumento suyo propio, los días en que Jacobo Timerman, siendo director de La Opinión, desafié desde su periódico a la dictadura argentina de Videla, lo que le costaría cárcel, tortura y exilio. Hoy, como el lector de este diario sabe a través de sus colaboraciones, Timerman sigue siendo un perspicaz observador del mundo en que vivimos. Un buen actor da vida al personaje: Roy Scheider; veremos cómo lo modula.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de junio de 1988

Más información

  • CINE EN TELEVISIÓN