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Tribuna:MUNDOBASKET 86

Los buenos somos nosotros

La mentalización de un equipo ante un partido es uno de los problemas que más preocupan a los entrenadores. Las tácticas de mentalización son muy diversas, dependiendo evidentemente de los puntos de vista al respecto que tienen cada uno de ellos. Desde aquellos que pasan del equipo contrario y no le dedican más que una ligera referencia hasta los que no duermen pensando en el adversario.El seleccionador español, Antonio Díaz Miguel, es de los que se decantan por la mentalización por la vía del temor. La interminable enumeración de las virtudes de los equipos a los que debe enfrentarse se repite día a día. "Cuidado con... Fulanito coge todos los rebotes, Menganito no falla nunca". Esto, que en su justa medida puede evitar la relajación sobre todo ante equipos más débiles reiterado hasta la saciedad, puede tener un efecto negativo.

España ha perdido la consciencia de su superioridad. Los equipos contrarios son sobrevalorados hasta el extremo de distorsionar su auténtica realidad. La consciencia de una superioridad real no tiene por qué ser el primer paso hacia la relajación o el menosprecio. Al rival, hay que respetarle siempre, pero dentro de su justa medida. Y el valor real de Francia o Grecia, como el de la mayoría de los equipos presentes en este Mundobasket, -a pesar de lo que piensan o dicen algunos-, es inuy inferior al de España.

El equipo español está jugando con demasiado temor y responsbilidad. El jugar en casa, y el partir como favorito, lógicamente pesa. Pero está pesando demasiado.

Gran equipo

España tiene un gran equipo. Probablemente uno de los mejores de su historia. Jugadores en plena madurez, junto a jóvenes lo suficientemente rodados como para no acusar el exceso de responsabilidad, forman un conjunto envidiable. Ahora bien, los jugadores españoles han de convencerse de su calidad. Y esto les tiene que valer de sedante ante posibles tensiones.

Si Grecia tiene dos grandes jugadores, España tiene 12. Si Francia ha mejorado en defensa, España lo hace infinitamente mejor. Si Brasil tiene un juego peligroso por lo alegre, el juego del equipo español -por comparación- lo convierte en un funeral de tercera. Cada uno de los componentes del combinado español ha de tener en cuenta esto. De hecho, se ha demostrado en los partidos jugados hasta ahora. Haciéndolo regular, han ganado.

Olvidémonos un poco de todas las virtudes -que las tienen- de los otros equipos, y ocupémonos más en convencer a los españoles de su auténtico poderío. Los adversarios no son malos, pero realmente, los buenos somos nosotros. Cuando se convenzan -si no lo están- de esto, el juego y las posibilidades españolas subirán como la espuma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 1986