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Nueva catástrofe en Madrid

78 muertos en el incendio de la discoteca Alcalá 20

Setenta y ocho personas murieron y 25 resultaron heridas de diversa consideración en el incendio que se produjo a las 4.45 horas de ayer en una discoteca situada en un sótano del número 20 de la calle de Alcalá, que da nombre al local madrileño. Tres de los socios que explotan el local en arrendamiento y el jefe de sala fueron interrogados por la policía, y posteriormente detenidos por orden del juez que instruye el sumario. El mismo juez de guardia, titular del Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid, ordenó por la tarde la captura de otro copropietario de la empresa, que se encontraba de viaje en Cartagena (Murcia). La discoteca Alcalá 20 había sido inaugurada el pasado mes de septiembre. Se trató en realidad de una remodelación y una transformación de la decoración interna de la antigua sala de fiestas Lido. Según las primeras investigaciones, el fuego se inició, presumiblemente a causa de un cortocircuito, en los cortinajes del escenario, y prendió con enorme rapidez en elementos de la ornamentación. El local, que quedó completamente destruido, estaba ocupado en el momento del incendio por una cifra relativamente elevada de personas, aunque los testimonios recogidos son contradictorios. El número de clientes oscila entre 100 o 150, declarado por uno de los socios ante la policía, y el millar del que hablan algunos supervivientes. El hecho es que muchas de las personas presentes en la discoteca, presas de un gran desconcierto provocado por la densa humareda y por el corte del fluido eléctrico, trataron atropelladamente de ponerse a salvo a través de la encrucijada de escaleras, pasillos y salidas, lo que se convirtió en una trampa mortal.

Madrid Alcalá 20, una de las salas de fiesta de moda de Madrid, a la que concurría a diario un público heterogéneo, fundamentalmente integrado por jóvenes atraídos por las actuaciones de grupos y la música de rock, quedó ayer casi totalmente destruida por las llamas en poco más de dos horas, aunque el incendio río se consideró completamente extinguido hasta tres horas más tarde. El fuego se declaró, según todos los testimonios, a las 4.45 horas, y prendió con rapidez los cortinajes que rodean el escenario. Aunque no existe ninguna conclusión sobre su origen, parece que pudo deberse a un cortocircuito en el complejo sistema eléctrico de la sala.La discoteca Alcalá 20 había ocupado las instalaciones de una antigua sala de fiestas denominada Lido, en los sótanos de un mueble de seis plantas, las primeras ocupadas por el teatro Alcázar. Encima existen algunas oficinas, y en el último nivel residen los porteros de la finca. La discoteca constaba de tres alturas y una planta de servicio. Los dos últimos niveles de la zona pública de la discoteca son en realidad los antiguos palcos y plateas de la sala de fiestas, y la pista de baile está construida junto al escenario.

El local, que tenía oficialmente reconocido un aforo de 900 personas, llegó a albergar en las primeras horas de la madrugada, como venía siendo habitual en los fines de semana, según diversos testimonios, más de 1.000 personas. Este extremo fue confirmado por el subcomisario de policía que participó en las primeras tareas de rescate de las víctimas. Entre el público heterogéneo que acudió a la discoteca para bailar o tomar tina copa se encontraba el diputado del PCE por Sevilla Fernando Pérez Rollo, en compañía de varios delegados andaluces participantes en el XI congreso del partido comunista, que abandonaron la sala media hora antes de declararse el fuego.

En el momento en que se produjo el incendio, un cuarto de hora antes de las cinco de la madrugada, se acababa de anunciar con juego de luces que estaba próximo el cierre del local, previsto para las cinco de la madrugada y anunciado en la puerta de acceso, en la que también se había colocado el cartel de completo. En ese momento habría en la sala unas 600 personas, según afirmó el jefe de sala y confirmó el gobernador civil de Madrid, José María Rodríguez Colorado.

Aunque se insiste en que el incendio pudo deberse a un cortocircuito en uno de los focos del escenario, los peritos no se atrevían ayer a precisar las causas del siniestro y coincidían con fuentes, policiales consultadas en desechar que se hubiera producido una explosión previa, como algunos supervivientes han afirmado. Un Juez que visitó la discoteca cuando se habían rescatado los cadáveres y se había controlado por completo el incendio tampoco aventuró opinión alguna sobre la causa que pudo haber motivado la aparición de las llamas. La mayor parte de los testimonios de los supervivientes coinciden en que minutos antes de producirse el incendio se había terminado la música y se habían encendido las luces de todo el local.

Según la narración de varios supervivientes, de la parte baja de las cortinas que cubrían el escenario salió una humareda que sólo fue vista por los que se hallaban más cerca y por la gente, escasa que ocupaba los palcos. En ese momento, según algunos testimonios, un empleado del local, desde el escenario, indicó a quienes estaban en la pista que debían desalojar rápida y ordenadamente la sala, aunque no todos los clientes escucharon esta advertencia.

Una gran Bamarada

El maitre y tres o cuatro personas más, tres camareros y uno o dos clientes, provistos de extintores, se adentraron en el escenario y retiraron un poco las cortinas. En ese momento se produjo una gran llamarada. Los empleados procedieron a desplegar los cortinajes, lo que avivó las llamas. La lengua de fuego que salió de abajo hacia arriba alcanzó casi el techo y empezó a arder toda la decoración del escenario y, la que rodea la pista, compuesta de plásticos, cartón piedra y otros materiales extremadamente inflamables. Una densa cortina de humo negro cubrió en pocos minutos la planta más baja, en la que se encuentran el escenario, la pista de baile y los palcos situados en tomo a aquélla.

Como si de un tiro de fogón se tratara, el denso humo ascendió a los pisos superiores hasta llegar en pocos minutos a la puerta de entrada. Son varios los testimonios de jóvenes supervivientes que aseguran que les costó encontrar extintores y que no todos funcionaban correctamente. Este extremo no ha podido ser confirmado, pese a que se sabe que al menos dos de los extintores se han recogido para revisión pericial. Uno estaba vacío, se desconoce si por haber sido usado, y otro, lleno. Parece confirmado que en ambos, aparatos consta que habían sido revisados por última vez en junio de 1982.

En el interior del local, de cuatro plantas, se creó en pocos minutos una situación de enorme desconcierto acrecentada por el hecho de que, por causa de la densa humareda o por un corte de fluido eléctrico, el local quedó a oscuras. El humo y la elevada temperatura hicieron sofocante el aire. La mezcla de estos dos agentes, y no las llamas, según todos los indicios, fue uno de los elementos causantes de la tragedia.

La agencia Efe informaba ayer, citando testimonios de supervivientes, que las puertas de emergencia se encontraban cerradas y hasta pasados unos minutos del siniestro no apareció nadie con las llaves para abrirlas. Este extremo fue confirmado, respecto a la imposibilidad de salir por alguna de las puertas de socorro, por el juez que indagó las circunstancias de la catástrofe, en el mismo escenario de los hechos. De las primeras informaciones ofrecidas por las autoridades locales parece desprenderse, por el contrario, que las salidas de emergencia funcionaron correctamente.

Fuentes judiciales citadas por Europa Press aseguraron a última hora de la tarde que las declaraciones realizadas por algunas autoridades gubernativas en el sentido de que el accidente fue totalmente fortuito "son, cuando menos, prematuras". La única competente para determinar si el accidente ha sido fortuito o existe negligencia, y por tanto hay materia punible por omisión, es el juez de guardia, añadieron las mismas fuentes.

Atrapados

La mayoría de los clientes que se encontraban en la sala comenzó a huir en dirección a la salida principal, pero la gente se apiñó y atropelló a la altura del guardarropa, que ocupaba una suerte de entreplanta y tenía cerca dos servicios, de señoras y caballeros. De allí partía una escalera hacia. la salida de emergencia que da a la calle de Alcalá. Algunos supervivientes han recordado sobrecogidos que cuando entre el humo y a ciegas trataban de alcanzar la puerta principal a través de la angosta escalera circular, notaron que pisaban a otras personas tiradas sobre el suelo. En el pequeño vestíbulo donde está situado el guardarropa, y en las escaleras de acceso al mismo desde la planta inferior, se encontraron al menos 25 cadáveres de víctimas, que fallecieron por asfixia o al ser aplastadas por los que trataban de ponerse a salvo.

Para esquivar este bloqueo nucial, algunos grupos intentaron escapar en direcciones diferentes a

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la del curso principal de salida, a través de múltiples pasillos que convergen en el guardarropa. Sin embargo, el humo causaba ya estragos entre los que corrían frenéticamente, cuya desesperación crecía al chocar contra muros sólidos al final de los pasillos por los que se habían adentrado. Los principales atropellos sobrevinieron, según se cree, cuando estos grupos, que desconocían el local, retrocedían escaleras abajo buscando desconcertados alguna otra vía de escape. Estas circunstancias explicarían que la mayor parte de las víctimas mortales lo haya sido por asfixia o por aplastamiento.

Algunos de los primeros jóvenes que lograron escapar del local y alcanzar la calle por la salida principal se dieron cuenta de que bajo la claraboya había gente que se hacía notar a golpes. Con la ayuda de restos de la reja, palos y otros objetos contundentes, golpearon sin éxito la superficie de cemento y cristales opacos, hasta que un bombero hizo con un pico un agujero por el que salieron las 15 personas, primero seis y luego el resto.

Una de las puertas de emergencia, situada junto al número 7 de la calle Arlabán, en la parte de atrás del inmueble, parece que fue utilizada casi exclusivamente por empleados del establecimiento, que conocían su existencia y la forma de llegar hasta ella. Este hecho puede explicar que la mayor parte de los empleados se salvara, mientras muchos clientes deambulaban perdidos por los pasillos. El acceso desde la sala a esta salida estaba situado, al parecer, cerca del escenario y resultaba algo complicado, a través de una empinada escalera y un largo y angosto pasillo.

La mayor parte de los supervivientes abandonó el local por la puerta principal o por una de las puertas de urgencia que desemboca en un amplio vestíbulo que da a la calle de Alcalá. El vestíbulo, en el que también se encuentra la entrada principal del Teatro Alcázar y dos tiendas, se abre a la calle citada por tres enormes portones con verjas, de las que únicamente estaba abierta una de las laterales, la situada frente a la puerta de acceso a la discoteca. Este nuevo obstáculo provocó entre los supervivientes reacciones de histeria.

El lunes, día de luto

Las personas que iban saliendo del local, presas del pánico y medio asfixiadas y con la cara ennegrecida, se amontonaban tratando de franquear esta verja, bastante estrecha. Cuando lo lograban, corrían despavoridos o se desplomaban sobre la acera. Otros grupos trataron de forzar la verja central, de grandes proporciones, que permanecía cerrada. En esta operación, y antes de que los bomberos cortaran las cerraduras, un joven perdió la vida por aplastamiento.

Bomberos, policías municipales y nacionales que iban llegando, se introdujeron con gran dificultad en la primera planta del local y lograron poner a salvo a una docena de personas. Durante casi dos horas, los trabajos se hicieron a la escasa luz proporcionada por linternas de mano, ya que ninguno de los cuerpos de funcionarios citados llevó luces de mayor potencia, hasta que se pudo utilizar para tal fin los focos de un equipo de filmación de RTVE. Los heridos fueron evacuados en ambulancias a las residencias sanitarias de Madrid. El tráfico quedó cortado desde la confluencia de la calle de Alcalá con la Gran Vía hasta la Puerta del Sol.

El alcalde, Enrique Tierno, ha declarado el lunes, 19 de diciembre, día de luto en la ciudad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 1983

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