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Philips vende su imagen de alternativa europea a la invasión de vídeos japoneses

Philips, que había estado a punto de ser desplazada del mercado mundial de vídeos, uno de los negocios más importantes y prometedores en electrónica de consumo, ha iniciado una contraofensiva basada en fuertes inversiones en el producto y es una costosa campaña de imagen. La multinacional holandesa ha construido a tal fin en Austria una de las factorías más avanzadas del mundo y presenta su marca como el último baluarte europeo frente a la colonización japonesa en el campo del vídeo.

La producción de vídeos tan sólo representó entre el 2% y el 3% de la, cifra total de negocios de la multinacional Philips en 1982, que ascendió a 43.000 millones de florines (unos 2,15 billones de pesetas). La modestia de esta cifra y la escasa cuota de participación en el mercado de vídeos de la segunda firma mundial (tras General Electric) en electrónica de consumo y profesional explican esta operación con la que se pretende alcanzar ya este año una importante cifra de ventas. En España, en concreto, se ha fijado, un objetivo de un 15% de los 300.000 vídeos que se prevé van a ser vendidos en 1983 (la cuota de mercado de Philips en este producto fue del 4% en 1981 y del 7% en 1982).La multinacional holandesa, que cuenta con un 24% del capital de Grundig, se mostró contraria a cualquier cesión de su participación en la firma alemana cuando la empresa francesa Thomson trató de adquirirla. La operación Thomson-Grundig, que no fue auto rizada por los tribunales antimonopolio de la República Federal de Alemania, se presentó a la opinión pública como un intento europeo de frenar la invasión japonesa de los mercados continentales.

Este hecho ha impedido acuerdos concretos de producción entre Philips y Thomson, según fuentes de la empresa holandesa, aunque sí existe una cooperación en videodisco, videojuegos y en la futura segunda generación de vídeos (acuerdo de 132 compañías, en febrero último, sobre normalización de cintas en ocho milímetros y una hora de duración).

Philips obtuvo en 1982 un beneficio antes de impuestos de unos 42.400 millones de pesetas y unos gastos de inversión de 119.800 millones, de los que el 65% se materializaron en Europa.

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