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Sandro Pertini,

presidente de la República Italiana, asistió a la sesión de apertura de la temporada de ópera en el teatro de la Scala de Milán, velada que suma cada año a su interés musical y artístico la brillantez de un acto social que reúne a los personajes más sobresalientes de la vida política y cultural de Italia. Pertini, rehusando con esa sencillez ya tradicional en él a un puesto en el palco de honor, ocupó su asiento en la sexta fila de butacas ante el aplauso fervoroso de los asistentes. Se programo, en esta ocasión, Ernani, de Giuseppe Verdi, sobre el drama de Victor Hugo, con un reparto excepcional: Plácido Domingo, en el papel protagonista; Mirella Freni (Elvira); Renato Bruson (Don Carlos) y Nicolai Ghiaurov como Silva. La dirección musical corrió a cargo de Ricardo Mutti que, según opinión generalizada, llevó la obra con un rigor y perfección verdaderamente notables. Sin embargo, un sector del público siguió el desarrollo de la representación, en lo vocal, con cierta indiferencia, algún abucheo inmisericorde y contestó, en ocasiones, con extremada dureza la peculiar dirección escénica de Luca Ronconi y los decorados de Ezio Frigerio. Con todo, y con opiniones que van desde lo colosal hasta el fiasco, el sentimiento general fue de triunfo.

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