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El Madrid perdió por la mínima, pero pudo tener mejor suerte

El Madrid pudo tener mejor suerte en su primer partido con el Oporto. En un primer tiempo defensivo se le puso el partido cuesta arriba hasta el punto de hacer previsible la goleada. Luego jugó con más ambición y superó en fuerza física notablemente al Oporto. La mayor noticia para los madridistas es que Cunningham fue un delantero rápido y peligroso.Pirri se quedó sin jugar por una contractura a la que el día anterior no daba importancia. En su lugar salió Sabido, que se ocupó del marcaje de Duda, mientras Navajas era el vigilante del goleador Gomes, y Benito, el líbero. El Oporto jugó en la primera parte con dos delanteros centros, los mencionados Duda y Gomes (el primero un poco echado hacia atrás) y los extremos Costa y Frasco más retrasados, sobre todo el segundo. A Costale vigiló San José, y a Frasco, Camacho. En la media, Stielike, muy pegado a la banda derecha, Del Bosque y Angel se preocupaban prioritariamente de defender, de impedir al Oporto ganar metros. Santillana y Cunningham quedaban olvidados arriba.

El cerrojazo le daba buen resultado al Madrid en todas las zonas, excepto en la banda izquierda, donde Costa se acreditó como un soberbio jugador e hizo lo que quiso de San José cuando entró en juego. El interior Romeu (un lanzador fino), y el lateral Murca, a quien no supo contener Stielike, fueron un buen apoyo para él. El error del Oporto fue no volcar más juego por esa banda izquierda, en la que era más fuerte. Por ahí vinieron casi todos los peligros, y de haber insistido más en esa banda, quizá le hubiera podido ocasionar un gran descalabro al Madrid. No lo hizo y García Remón sólo pasó unos cuantos sustos en la primera parte. Fue la gran habilidad de Gomes como hombre de área lo que le dio al Oporto los dos goles con que se fue al descanso.

En la segunda mitad, Boskov decidió jugar al ataque, acaso por desesperación, puesto que la eliminatoria estaba tocada del ala con esos dos goles. Salió Roberto como extremo derecho en lugar de Sabido, y el Madrid pasó a atacar con tres hombres de punta. Consecuentemente, los centrocampistas blancos comenzaton a preocuparse de la construcción de juego. Tuvo la suerte además el equipo de Boskov de reducir ventaja casi sin querer, al poco de empezada la continuación, gracias a un indirecto regalado por Fonseca. El Oporto, que en el descanso dejó en la caseta a Romeu -salía de una lesión y estaba falto de fuerza-, perdió primeramente confianza y después fuerza física.

Según avanzaba la segunda parte, el Madrid se fue haciendo dueño del partido. Jugó con cierta cautela, pero mandando, pues cada vez que el Oporto quería subir los pelotazos largos para Curminghain suponían un enorme peligro. El negro hizo un buen partido y mereció algún otro gol. Pero no Regó y el resultado de Das Antas deja incertidumbre para el partido de vuelta. Los que conocen al Oporto afirman que es un equipo más peligroso en los contraataques. Al Madrid le bastaría con ganar por 1-0, pero nada le asegura que podrá dejar al rival portugués sin marcar en Chamartín. Por los apuros que el equipo de Boskov suele pasar en su propio feudo, el panorama no es demasiado alentador, aunque pudo ser peor. De cualquier forma, fue alabable la valentía del técnico yugoslavo al intentar conseguir un tanto que puede ser de oro en caso de empate final a goles en la eliminatoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de octubre de 1979

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