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Tiene

veinte años y a los once sufrió un accidente de circulación que le dejó con una pierna más corta que otra. ¿Quién diría ahora que esa diferencia existió alguna vez viendo a Cheryll Prewitt, la nueva miss América, posar para los fotógrafos en una playa de Atlantic City (Estados Unidos)? Cheryl se encomendó a Dios cuando tenía diecisiete años y le pidió que algún día hiciera el milagro de igualar sus extremidades. La señorita Prewitt dice que se presentó al concurso como si cumpliera una promesa y ha comentado, muy cumplidamente, que fue Dios el que propició su victoria.

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