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Esta vez en el coso bilbaíno

no hubo trofeos para los espadas. Tres espadas de categoría que desperdiciaron las condiciones de unos toros de excepcional presencia y tres de ellos muy toreables. Bilbao pudo ser protagonista de una gran corrida pero la comodidad, el toreo artificial de los toreros que están arriba, la malograron. No tuvieron su día a pesar de los toros de Carlos Urquijo.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de agosto de 1976