Automovilismo

James Hunt, vencedor del Gran Premio de Francia

Le Castellet (Francia) - 05 jul 1976 - 22:00 UTC

James Hunt se impuso con claridad en el Gran Premio de Francia. El inglés, al volante de un McLaren, forzó el ritmo de su monoplaza de tal manera que los Ferrari de Lauda y Regazzoni no lograron aguantar sus acometidas. El austríaco abandonó en la octava vuelta tras haber hecho explosión el motor de su coche; su compañero lo haría en la decimoséptima por la misma causa. La Ferrari comienza a encontrar serias dificultades ante las puestas a punto del resto de las escuderías.

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Las duras condiciones climáticas y el fuerte ritmo que Hunt imprimió desde un principio a la marcha de su McLaren obligaron a Lauda y Regazzoni, que llevaban al inglés emparedado, a forzar su máquina hasta el punto de que ambos tuvieron que abandonar la prueba por averías totales de motor; Lauda, en la vuelta 8 y Regazzoni, en la vuelta 17. Los dos Tyrrell seis ruedas, que sobre el papel contaban entre los favoritos, acabaron en segundo -Depailler- y sexto -Jody Scheckter- lugar. Este último, en la séptima vuelta, rompió un muelle de válvula, lo que le ocasionó en la 49, a cinco del final, la pérdida total de un cilindro, viéndose obligado a ceder un tercer puesto difícilmente mantenido a favor primero de Peterson -que tampoco acabaría- y después de Watson, Pace y Andretti, que terminarían detrás de Depailler, en tercera, cuarta y quinta posición, respectivamente. El alemán Stuck, que hizo una carrera muy regular, terminó en séptima posición, seguido de Pryce, Merzario e Ickx.Los entrenamientos colocaron a Hunt en la primera posición delante de Lauda, que no ha me orado el sábado los tiempos del inglés. Depailler partió en tercera posición y Regazzoni, Pace y Peterson, a continuación.

En la arrancada -muy espectacular- Lauda alargó los cambios aprovechando su régimen de vueltas superior. Lo mismo hizo Regazzoni -que adelantó a Depailler- y entre ambos emparedaron a Hunt, que pasó segundo en la primera vuelta. Peterson, que también pasó a Depailler, en cuarta posición, seguido del Tyrrell del francés y Watson, Scheckter Laffite, Pace y Reutemann, que forman un segundo grupo.

En la segunda vuelta, Lauda empieza a distanciarse, Hunt aumenta su ritmo y obliga al austriaco y a Regazzoni a forzar el tren. Aquí es donde radica, a nuestro juicio, el éxito de Hunt y el fracaso total de Ferrari. Hunt empieza a notar la ventaja de su cambio de seis velocidades, que con un desarrollo de diferencial muy largo le permite llevar su motor más desahogado mientras que los Ferrari, que han preferido relaciones más cortas y una quinta velocidad en la que hay que vigilar las revoluciones, se ven forzados. Lauda no pasa de la octava vuelta, en la que tiene explosión de motor, y Regazzoni de la decimoséptima, con la misma avería. Ambos tienen que abandonar sobre el arcén de la pista. Aquí la carrera cambia totalmente de signo y Hunt se separa del resto de los concursantes. El fortísimo calor aprieta y toda una serie de incidencias modifican la marcha de la prueba a partir del segundo puesto, que ocupa Depailler y no abandona hasta la meta, después de la desaparición de los Ferrari.

Scheckter, Peterson, Watson, Pace, Laffite, Stuck y Reutemann se alternan. La lucha entre los cinco primeros de este grupo es apretada y emocionante. Hunt pasa como un meteoro rojo a casi 290 km/h., por la recta de dos kilómetros del Mistral, desaparece un momento y detrás pasan pegados los cinco pilotos, seguidos del joven Stuck y Reuteman, que ha sufrido un golpe que por detrás le diera el McLaren de Mass y que le obliga a retrasarse considerablemente.

Scheckter, que rompió un muelle de válvula en la octava vuelta, tiene serias dificultades para mantenerse delante de Peterson hasta que la avería daña totalmente el cilindro correspondiente, por lo que ha de ceder puestos.

Cincuenta y cuatro vueltas de 5.810 metros han completado los 313 kilómetros totales de la carrera, en la que sólo nueve coches han dado las mismas vueltas que el vencedor Hunt.

La hegemonía de Ferrari, en peligro

Fama y leyenda obligan en ocasiones más allá de las propias posibilidades. Los campeones sufren a veces los inconvenientes de la fama, que les fuerza hasta límites que escapan a la realidad. Y este puede haber sido el motivo del revés sufrido por los Ferrari pilotados por Lauda y Regazzoni el pasado domingo en Paul Ricard.

Las victorias consecutivas y aparentemente fáciles conseguidas por la escudería italiana han obligado al resto de los concursantes de esta gran fórmula a afinar esfuerzos y técnica de forma tal que los resultados empezaron a sentirse en el Gran Premio de España, en el que ya en entrenamientos los McLaren de Mass y Hunt en ocasiones más rápido que los Ferrari. Algo parecido ocurría con Tyrrell, pero éstos estrenaban precisamente en Madrid los seis ruedas y los resultados finales de ambas acusaron la falta de puesta a punto. También el Matra de Laffitte demostraba allí que sólo una minúscula avería le había impedido dar guerra a los grandes.

Sin embargo, el resultado insólito del Jarama -con la exclusión de Hunt, que había batido a Ferrari ampliamente, y la avería del otro McLaren de Mass, cuando marchaba a la conquista de la segunda posición, a sólo unas vueltas del final- dio un inesperado primer puesto a Lauda.

Desbancar a los rojos monocascos va a ser imposible este año, pero la carrera del pasado domingo debe ser una seria llamada a la vigilia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de julio de 1976.

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