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Gallina de piel
Opinión

Y Mbappé pagó el pato

Una parte del madridismo le está colgando ahora el muerto al francés por la mala temporada del equipo, pero quizá el problema no es de este jugador estratosférico, sino de quien lo fichó sin tener en cuenta su naturaleza

Kylian Mbappé, en un viaje del Real Madrid esta temporada.realmadrid.com

Gil Manzano estiraba en el vestuario de Cornellà con su cuadrilla. En 12 minutos iba a llevarse el silbato a la boca y a pitar el comienzo del partido entre el Real Madrid y el Espanyol, un encuentro crepuscular donde uno se jugaba el descenso y el otro, el honor y una supuesta humillación por el posible pasillo al Barça en la siguiente jornada. Y entonces, en una realidad paralela, las cámaras de El Chiringuito captaron a Mbappé bajando por la escalerilla de su avión privado con esa suerte de riñonera cruzada, tan del agrado del seguidor de curva del PSG, y con su pareja actual. Llegaban tranquilamente de una escapada. Y aquí alguien decidió que era un buen momento para colgarle el muerto.

El jugador estaba lesionado, pero no se quedó recuperándose en Madrid. Entre Cerdeña con Ester Expósito y el gimnasio de Valdebebas, con la Liga decidida y un rival que llevaba 16 jornadas sin ganar, todo el mundo elegiría lo mismo. “Cada jugador en su tiempo libre hace lo que considera oportuno y yo ahí no puedo entrar”, deslizó Arbeloa, esta vez sin invocar a Juanito o algún manual de autoayuda. Mala señal. Alguien debió decirle que la veda quedaba abierta. Se ve que los viajes estaban aprobados por el club, pero ha molestado la exposición pública. Que no disimulara, vaya. Y ahora por todos lados salen memes, lecciones de táctica para explicar su falta de encaje —se ve que no sabe desmarcarse, dicen, ni de los defensores ni de los paparazzi— y elogios desmesurados a Vinicius, no solo por su prodigiosa capacidad técnica, sino por sus dotes de liderazgo. ¡Él sí arrima el hombro!

A Mbappé, da la sensación, le han soltado los perros esta semana desde dentro. Y seguirán mordiendo hasta que alguien diga que ya basta. Pero detrás de esos primitivos mecanismos punitivos hay un problema estructural que apunta a más arriba. ¿Necesitaba el equipo a Mbappé? Luis Enrique apuntó una idea cuando supo que el francés se marchaba del PSG. “Creo que lo voy a mejorar. El hecho de tener a un jugador que se movía por donde él quería implica que hay situaciones del juego que yo no controlo. Y el año que viene las voy a controlar todas. Todas sin excepción”.

Esta profecía cerraba el documental No tenéis ni p*** idea sobre el asturiano en el PSG. El técnico analizaba con una sonrisa y esa cara de iluminado que pone a veces lo que supondría la marcha de su mayor estrella del equipo. Mbappé era en ese momento el mejor jugador del mundo. O algo parecido. Y se largaba al Real Madrid después de años amenazando con ello y el lamento soterrado de que nunca lograría ganar una Champions en París ni levantar un Balón de Oro. El Madrid, que venía de ganar una ese año (cinco en las últimas nueve temporadas,) era el pasaporte directo al triunfo ansiado.

Siguiente escena: dos temporadas en blanco del Real Madrid y una Champions y pie y medio en otra final (veremos qué pasa este miércoles en Múnich) del PSG.

Lo primero que uno piensa es que el francés, con lo bueno y listo que es, el único jugador que ha levantado la voz contra la ultraderecha en Francia, tiene que estar embrujado. La mufa argentina. ¿Podría ocurrir que el PSG ganase dos Champions seguidas y el Real Madrid pasase esas mismas dos temporadas en blanco tras su llegada? Su caso lo explicaba en un hilo de Twitter Andrés Onrubia, autor de Ligue 1. Liga francesa (Libros de ruta, 2026), una de las personas que más sabe de fútbol francés. Mbappé, recordaba el periodista, puede convertirse en el máximo goleador de la historia de los mundiales. Pero “necesita a diez gregarios que corran, que generen espacios para él y que el sistema le inhiba de responsabilidades defensivas”, resumía. O sea, lo que hizo Ancelotti con Vinicius, cuando el equipo todavía tenía un centro del campo, y se negó luego a hacer Xabi Alonso antes de ser despedido. Y eso, en un Madrid como el actual, no tiene nada que ver con si el delantero cenó frégola con Ester Expósito en Cagliari o con su capacidad para hacerse invisible ante los paparazzi. La culpa no siempre es de los otros.

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