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La Fórmula 1 empieza terapia en el Gran Premio de Miami: estos son los cambios

Este fin de semana se estrenan una serie de medidas correctoras que buscan naturalizar las carreras frente a un reglamento en el que la parte eléctrica marca el desenlace

Lando Norris conduce su Mclaren delante de los fans en Miami.Rebecca Blackwell (AP)

Desde el arranque del Mundial, incluso desde bastante antes, cuando arrancó la pretemporada y las primeras escuderías comenzaron a poner sus prototipos en pista en aquellos entrenamientos camuflados como sesiones de grabación, la Fórmula 1 está tumbada en un diván para reencontrarse consigo misma. El diagnóstico es claro: la desnaturalización de las carreras como consecuencia directa del nuevo reglamento técnico recién estrenado, específicamente en el área del motor, que ha aumentado hasta la paridad total (50%) la influencia de la parte eléctrica con la de combustión. La primera fase de la terapia se hará visible este fin de semana, en Miami, superado un parón de más de un mes que ha ido de perlas para que todos los involucrados acordaran la batería de medidas que se introducirán inmediatamente.

La rapidez de las partes en discutir y decidir el plan de acción a ejecutar refleja el nivel de urgencia del asunto en un campeonato en el que hay muchos millones de euros en juego, y en el que cada equipo busca su propio beneficio en cualquier paso que se da. La intervención anunciada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) pretende atacar varios frentes abiertos en este inicio de curso, que derivó en una oleada de ataques despiadados por parte de muchos de los pilotos más relevantes de la parrilla, a una forma de competir “totalmente artificial”, como la describió, por ejemplo, Lando Norris, el actual campeón. Fernando Alonso fue aún más duro en sus valoraciones: “¿Qué diversión puede haber en unos adelantamientos que se producen sin querer? De repente te encuentras con una batería mucho más cargada que la del coche que tienes delante y, o le adelantas o te estrellas contra él”. Max Verstappen, por su parte, jugueteó con la posibilidad de anticipar su retirada si tiene que seguir corriendo con unos monoplazas que, según él, son como los de “Formula E, con esteroides”. Una disciplina que premiaba el talento mezclado con la osadía, a veces incluso insensatez, ha mutado en un animal completamente distinto, en el que la gestión de la energía marca irremediablemente el desenlace. Para corregir esa desviación, las novedades aplicadas en Miami se dividen esencialmente en tres grupos, con tres voluntades distintas.

Acercamiento a la cronometrada pura. Hasta este año, las cronometradas premiaban al corredor con más velocidad pura con el coche puesto en pista en su versión más afilada; esto es, sin apenas gasolina y con gomas blandas. Sin embargo, la nueva normativa generó situaciones en las que los pilotos levantaban el pie del acelerador, en sectores inverosímiles, para poder recargar la batería. La modificación que entra en escena este fin de semana ajusta la gestión de la energía, con una reducción de la recarga máxima permitida de 8 mega julios (MJ) a 7 MJ, y con un aumento de la potencia máxima de recarga permitida, de los 250 kW a los 350 kW. Con eso, se pretende limitar un poco el ‘super clipping’, el efecto que se produce cuando el motor de combustión baja su rendimiento para priorizar la carga de la batería de la parte eléctrica, y que se traduce en una disminución de la velocidad en plena recta.

Más paridad en pista. Uno de los principales empeños de este último zarandeo es reducir el diferencial de velocidad de los bólidos en los adelantamientos que se producen por una cuestión de gestión de energía, que han pasado a ser la gran mayoría. Para ello, se limitará a 150 KW el extra de potencia disponible en el modo ataque. La idea es evitar situaciones de peligro como la que provocó el tremendo accidente de Oliver Bearman, en Japón, cuando circulaba a más de 300 kilómetros por hora, y se encontró con el Alpine de Franco Colapinto, que rodaba 50 km/h más lento que él. Además, mientras la potencia eléctrica máxima seguirá siendo de 350 KW en la salida de los virajes, se limitará a 250 KW en otras zonas del trazado.

Salidas sin sustos. Para evitar que un bólido pueda embestir a otro que disponga de menos potencia en el momento de la salida, se ha desarrollado un sistema que detectará a los prototipos que anticipen una aceleración anormalmente baja, inmediatamente después de que los pilotos suelten el embrague. Cuando eso ocurra entrará en acción un impulso automático del motor eléctrico desde parado, circunstancia que hasta ahora solo se daba cuando el coche superaba la barrera de los 50 km/h. En paralelo, los afectados se harán reconocibles con el parpadeo de unas luces ubicadas en el alerón trasero, que alertarán a quienes lleguen por detrás.

“Estos cambios son cosquillas”, relativiza Verstappen, ya desde Miami. “Porque, al fin y al cabo, la F1 es un deporte muy complejo y político. Se ha hecho lo posible por hacer algo, pero claro, eso no va a cambiar el mundo. Solo espero que el año que viene se vean cambios mucho más grandes”, remachó el holandés.

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