EL MONTAÑISTA

El año del esquí de montaña

El cierre de muchas estaciones y la necesidad de abrazar espacios naturales tras la pandemia explican el enorme interés que suscita esta disciplina invernal

Un alpinista practica esquí de montaña en solitario en las montañas del Duranguesado, Vizcaya.
Un alpinista practica esquí de montaña en solitario en las montañas del Duranguesado, Vizcaya.

Casi todos los deportes que uno puede practicar de forma individual, al aire libre o en el medio natural han crecido sustancialmente desde que se instaló la pandemia derivada del virus del Covid-19. Los deportes de montaña, en concreto, no han sido ajenos a esta eclosión y puede que esté siendo el año del boom definitivo del esquí de montaña… y eso que solo los muy aficionados al montañismo, y no todos, saben a ciencia cierta qué supone esquiar en la montaña. La disciplina crece a tal velocidad en España (como en el resto del globo) que incluso viene mudando su denominación: lo que aquí se empezó llamando esquí de travesía derivó hacia el esquí de montaña o esquí-alpinismo y el lenguaje internacional lo ha resumido y universalizado como skimo.

Se llame como se llame, la especialidad tiene más de un siglo de vida y habitualmente se señala su origen en los países nórdicos: para poder avanzar por pendientes de nieve se empezaron a usar pieles de origen animal, como la foca, cuyo pelo corto adherido al patín del esquí permitía deslizarlo en ascenso sin resbalar. Esto permitía avanzar por el manto nevado sin hundirse y ampliar notablemente el radio de movimiento. En la actualidad, el skimo es un deporte tanto de competición como una forma de relacionarse con la montaña invernal, una actividad que combina el descenso en esquí con el alpinismo. Si en las estaciones de esquí se emplean remontes mecánicos para superar desniveles y poder disfrutar del esquí en descenso, el esquí de montaña prescinde de infraestructuras para buscar las sensaciones del montañismo. Con el cierre de muchas estaciones, no pocos esquiadores se han girado hacia el esquí de montaña para no sufrir un invierno sin deslizarse.

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Pere Petit, responsable de Dynastar-Lange en España, recuerda que existe una tendencia en España y Europa en los últimos seis u ocho años en el que el crecimiento anual es del 10-15% en las marcas de esquí de montaña: “En este mismo periodo de tiempo, ha habido años que el esquí alpino no ha crecido e incluso ha decrecido. El esquí de montaña crece sostenidamente y con la pandemia se ha acentuado mucho más: he hablado con actores importantes de esta industria y me confiesan que este año la demanda ha crecido mucho y los números han aumentado un 50% respecto al año pasado, que ya fue un buen año. Pero hay que tener claro que estas cifras son muy pequeñas si se comparan con las del esquí alpino, que obviamente tiene una masa de adeptos mucho mayor porque el esquí de montaña requiere una buena forma física y técnica, conocimientos del mundo de la montaña y, además, es un deporte que los niños no practican”.

El esquí de montaña no crece solo por la imposibilidad de desplazarse o el cierre de las estaciones. Según Pere Petit el esquí alpino (el que se lleva a cabo en estaciones) tiene connotaciones sociales de turismo, de viajar, e históricamente se ha visto como un deporte elitista y esto se ha perdido entre la gente joven: ir a esquiar ya no gusta tanto como cuando yo era joven, ya no es aspiracional. Los jóvenes se interesan por otras actividades. Ahora cada vez se practica más deporte, cada vez se entrena más, se recurre a la tecnología y en este contexto el esquí de montaña gusta porque es más intenso. También es cierto que el mundo del outdoor ha crecido y cada vez se tiende más a ir al encuentro del medio natural. Pero cabe señalar que muchos no desean conocer la montaña, sino esquiar en el entorno de la estación, dándose palizas y bajando por las pistas: son usuarios que proceden del mundillo del esquí alpino, y no de la cultura de montaña. Un día suben 1.000 metros de desnivel y luego bajan por pista. Esto explica también por qué ha crecido tanto: el tránsito es mucho más fácil que ir a una montaña y tratar de bajar sobre nieve sin pisar, helada, costra o venteada: muchos no serían capaces”, analiza.

El skimo cada vez se ha alejado más de su idea inicial: esquí para realizar travesías, unir refugios de montaña en salidas de varios días. “Ya no se trata solo de un medio para moverse en invierno en la montaña. Ahora esto ha evolucionado hacia salidas de dos o tres horas: aparcar, subir y bajar y el que está muy fuerte lo hace dos veces. Pero ya no son solo salidas de montaña, de ir a pasar el día en la montaña, varias horas, comer de lo que llevas. Ahora se prioriza acumular desnivel positivo y tener una bajada cómoda. También ha crecido el volumen de alquileres de equipos o el uso de redes sociales como Strava, donde se fijan los tiempos y se comparten los trazados”, explica Pere Petit.

Dos esquiadores bajan por nieve virgen.
Dos esquiadores bajan por nieve virgen.

De paso, algunas estaciones han ido a remolque ofreciendo circuitos cerrados para el skimo, resolviendo así la necesidad de ordenar el tráfico en las estaciones y también como una oportunidad de negocio. Lo cierto es que se percibe una necesidad enorme de no permanecer en casa, de salir al encuentro de la naturaleza o de los espacios abiertos de la mano del deporte. En verano las tiendas de bicicletas se quedaron sin producto que ofrecer ante el aluvión de nuevos clientes y eso mismo ha ocurrido, aunque de manera menos flagrante, en el caso de los proveedores de material para el esquí de montaña. Si el mundo de la bicicleta ha conocido una profunda reinvención esta última década, el del esquí de montaña ha sufrido una suerte similar: gran número de fabricantes, materiales novedosos, equipos ultraligeros, equipos pensados para el freeride, vestimenta y complementos eficaces y atractivos… No todos recuerdan que Kilian Jornet es el mejor esquiador de montaña que ha dado este país, también una referencia mundial, y si no se puede hablar de un ‘efecto Kilian’ en el mundo del skimo tal y como se ha conocido en la carrera a pie por montaña, es, según Pere Petit “porque no es tan fácil como ir a correr: hace falta más material, que es caro, hace falta nieve, es una actividad de temporada, hay que desplazarse, hay que conocer bien el medio… es una modalidad más exigente en general”.

Alvaro Ramos, guía de alta montaña, observa encantado el auge del esquí de montaña: “cada año más personas se inician con un guía, y este año en concreto, de no ser por las restricciones a la movilidad, hubiera sido exagerado el volumen de trabajo que hubiéramos tenido los guías. Se trata de una actividad técnica, que exige saber subir y bajar pero también conocimientos de nivología, de seguridad, de alpinismo… de ahí que nuestros clientes busquen formarse. Muchos de los que practican el skimo solo en las estaciones lo hacen por temor a lo desconocido”, observa.

Cuando las estaciones estadounidenses de esquí cerraron al inicio de la temporada, las ventas de material de skimo se dispararon en el país. Según la Asociación de Deportes de nieve de EEUU, las ventas de tablas crecieron un 80%, mientras que los accesorios alcanzaron un 150% de incremento. La firma norteamericana Black Diamond confirma el auge de sus ventas también en España, y la sueca Haglofs hace otro tanto. Si en verano se registraron crecimientos enormes en las ventas de material de camping, ciclismo o carrera a pie, le ha llegado el turno al esquí de montaña. “El boom”, señala Pere Petit, “se da también porque es una actividad complementaria para los que vienen del esquí alpino. Los hay que han abandonado las estaciones, cierto, pero muchos combinan ya ambas disciplinas”.

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