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Kobe Bryant y el baloncesto sin género

La pasión por su deporte era universal, ejercía de mentor de jugadoras jóvenes y su pelea fuera de las pistas era dar mayor visibilidad a la mujer. Un canto para espolear los sueños de su hija Gianna

Kobe Bryant abraza a su hija Gianna en un partido de los Lakers en noviembre de 2019. En vídeo, las claves que convirtieron al jugador en leyenda.

A los que amamos el deporte se nos ha ido un referente, un ídolo, y seguimos con el estómago encogido. Se nos quiebra la voz al hablar de Kobe Bryant y se nos hace difícil de creer que ya no está. Miles de veces intentamos imitarle, replicar sus movimientos en la pista, sus lanzamientos ganadores; miles de veces nos sentamos a debatir sobre si podía llegar a hacer sombra a Michael Jordan. Fue el único capaz de aguantar esa comparación, de asumir el papel de sucesor. Hay etapas y nombres que marcan épocas y él consiguió trascender pese a convivir con el más grande.

Kobe demostró que amaba el baloncesto con pasión y en toda su extensión, sin necesidad de distinguir géneros. Por eso se había convertido en un ilustre mentor de jóvenes jugadores y jugadoras. “Todos los fans me dicen: ‘Tienes que tener un chico, alguien que llegue a la NBA y mantenga tu legado’. Y mi hija Gianna escuchaba esas cosas pensando: ‘Hey, yo tengo eso’. Y es verdad que lo tiene. No necesito tener un chico. Ella jugará en la WNBA. Conoce el juego, ama el baloncesto”, contó Kobe, padre de cuatro hijas, en un programa de la televisión estadounidense. Su figura habría tenido una relevancia crucial en el recorrido del baloncesto femenino porque cuando un genio se empeña en hacer posible lo que parece imposible es más que probable que lo consiga. A través del impulso a su segunda hija, de 13 años, la tarea estaba en marcha.

En esas estaba Kobe Bryant, casi desde la sombra, trabajando para que la balanza se igualara dando mayor visibilidad a la mujer. Después de la tragedia se ha destacado su papel intentando que su hija cumpliera su sueño de jugar como profesional, como harían muchos padres, pero Kobe iba más allá. Desde la Mamba Academy estaba en ello, por ejemplo, trabajando para acoger allí a Los Ángeles Sparks (el equipo profesional californiano de la WNBA) para entrenar en verano y realizar entrenamientos anuales de tecnificación con las jugadoras. Desde la mítica Diana Taurasi a la prometedora Sabrina Ionescu, todas han mostrado su consternación por la muerte de un emblema en la pelea por la igualdad. Durante el verano era habitual ver a Kobe y a su hija Gigi en partidos de la WNBA y el invierno lo aprovechaba para ir a las pistas de la NCAA femenina. “Es un lienzo en blanco. Tiene mucha inteligencia y es apasionante ver cómo va descubriendo conceptos. Tiene una intensidad innata”, relataba con pasión en otra entrevista en The Players Tribune la que trazaba la evolución de la carrera de Gianna hasta el profesionalismo. “Le escribo planes de entrenamiento cada día. Ahora está aprendiendo un juego de pies que a mí me enseñaron con 20 años. Es un plan a seis años y solo estamos en el segundo. Hay que enseñarles con paciencia cada detalle”, explicaba.

Hay jugadores que cuando acaban su carrera se alejan, tienen una relación más distante con la pista o directamente pasan página, pero Kobe seguía ahí siempre con el balón y la canasta en mente y ahora actuando como mentor. Me consta que hablaba de forma constante con jugadoras universitarias y profesionales a las que invitaba a entrenar a su academia, se preocupó por conocer a aquellas que no jugaban en Europa durante el periodo invernal para ofrecerse a quedar con ellas y realizar entrenamientos periódicos. Bryant trabajaba por un baloncesto sin distinción de género. Baloncesto es baloncesto y él, dentro de los grandes, fue el primero en verlo. Días antes de su accidente afirmó en la CNN que algunas de las jugadoras de la WNBA no tendrían problemas para competir en la NBA. Un canto para espolear los sueños de Gianna y sus compañeras, una semilla para alimentar la utopía de un futuro en el que se permita a las mujeres dar el salto a la mejor liga del mundo.

Kobe, gracias por tus canastas, por tu competitividad, pero sobre todo gracias por tu amor al baloncesto, por mostrarte humano y cercano tras tu retirada. Por tu apuesta universal por el baloncesto antes de hacerte eterno en nuestros corazones.

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