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Laia Sanz: “Llegué a tener miedo”

Antes de pasar la página de este Dakar que tanto la ha marcado emocionalmente, la deportista, diez Dakar completados en diez años, reflexiona sobre el riesgo que asumen los pilotos

Laia Sanz, posa para EL PAÍS. Ampliar foto
Laia Sanz, posa para EL PAÍS. EL PAÍS

De todos los premios que ha acumulado a lo largo de su carrera, solo le acompañan en casa las diez placas que certifican que fue la primera mujer clasificada en los diez Rally Dakar en que ha participado, la 18ª de la general en este último. Laia Sanz (Corbera de Llobregat, 34 años) es también la mujer de los 13 mundiales de trial, los cinco mundiales de enduro, los diez europeos de trial o los seis Trial de las Naciones. Antes de largarse de vacaciones, antes de pasar la página de este Dakar que tanto la ha marcado emocionalmente, la deportista atiende a EL PAÍS.

Pregunta. Se mudó a Seva hace unos años. Me la imagino todo el día con el mono puesto. ¿Cómo es su vida?

Respuesta. Me gusta mucho el pueblo. Estando allí puedes aprovechar el entorno. Para un deportista, Seva es como un parque de atracciones. Puedo salir en bici, en moto, salir a pasear con los perros. Tengo la montaña en casa. Poder salir desde mi garaje en moto es un privilegio para mí. Además, no dejo de estar cerca de Barcelona, que como tengo que venir bastante…

P. ¿No le gusta la ciudad?

R. No. Me gusta venir. Y de vez en cuando. Pero no podría vivir en una ciudad.

P. Hasta hace unos años era una piloto de trial que probaba otras disciplinas. ¿Qué es ahora?

R. Todavía me considero piloto de trial. Aunque hace muchos años que estoy muy desconectada. Claro que, después de hacer diez Dakar, supongo que ya soy tan piloto de rallies como de trial. Y el enduro me marcó mucho. Así que todo suma.

P. ¿Por qué le marcó el enduro?

R. Porque me gustó mucho. Es una disciplina en la que empecé porque quería prepararme para competir en el Dakar. Cuando llegué, el primer año, estaba lejos de las mejores. Pero me empeñé en intentar ganar el Mundial y al final lo conseguí. Cinco años.

Después de hacer diez Dakar, supongo que ya soy tan piloto de rallies como de trial

P. ¿Qué era lo más difícil?

R. Yo no había luchado nunca contra un cronómetro. En el trial tienes que intentar no poner los pies en el suelo, pero puedes ir poco a poco. Y, claro, llegué al Mundial de enduro y no me aclaraba. Me parecía todo tan difícil. Y en las especiales me metían medio minuto o un minuto. Hasta que me entrené bien, aprendí la disciplina, y, al final, gané.

P. En el Dakar ya es una leyenda. ¿Qué valor tiene ser la mejor mujer en los diez Dakar que ha competido?

R. Para mí tiene más valor haber terminado esos diez Dakar. Y también los puestos que he hecho en la general. Los últimos siete años he terminado siempre entre los 20 primeros. Y para mí eso tiene muchísimo valor. Si te fijas, de los pilotos punteros que llevan diez años la mayoría han acabado solo la mitad de esos diez; un año hacen un buen resultado y al otro hacen el porras porque les ha pasado algo. Yo he sido muy regular.

P. ¿Cómo consigue reponerse a un mal inicio o a una caída?

R. Por ejemplo, el año que se me rompió el motor de la moto, que iba bastante bien en la clasificación, lo que hice fue cambiar mis objetivos. Era mi tercer año, iba con una Gas Gas y estaba ya entre los 20 mejores cuando me pasó. Tuve que cambiar la mentalidad y pensar solo en acabar la carrera. Si modificas los objetivos sobre la marcha puedes mantener la motivación. Lo mismo me ocurrió este año. Tenía el objetivo de terminar entre los 15 primeros, pero tal y como se planteó la segunda semana me di cuenta de que sería difícil recuperar el tiempo perdido a base de gas. Cuando la carrera es tan rápida no se puede marcar fácilmente la diferencia. Así que mi objetivo pasó a ser otro: acabar mi décimo Dakar. En esta carrera tienes que ir adaptándote a los problemas.

Si el tema es que quien tiene más ganas de jugar a la ruleta rusa está más adelante, yo a eso no juego. No estoy dispuesta

P. ¿Sigue viendo con cierta amargura su participación en este Dakar 2020?

R. Para mí ha sido el Dakar más extraño de todos cuantos he corrido. Está claro que en todos te pasan cosas; tengo muchas batallitas. Y el año que rompí el motor fue súper duro acabarlo. Pero este año, psicológicamente, ha sido el más duro. Por todo lo que ha pasado. Y no solo por el accidente de Paulo [Gonçalves], sino por cómo fue la carrera. En los rallies tienen que prevalecer la experiencia, la navegación, la preparación física y la técnica en moto. Todo eso tiene que ser importante. Y en la segunda semana no fue así. El resultado dependía mucho de las ganas que tenías de jugártela. Y eso no me gusta. Le quita mucho valor a todo el trabajo que he hecho durante muchos años. Si el tema es que quien tiene más ganas de jugar a la ruleta rusa está más adelante, yo a eso no juego. No estoy dispuesta. No es mi primer Dakar y no tengo que demostrarle ya nada a nadie.

P. ¿Cómo cambia la carrera cuando la velocidad se impone a esos otros factores?

R. Es cuestión de no arriesgar demasiado. De ir a terminar la carrera. Otro año me hubiera vuelto loca hasta el último día para intentar pelear por meterme entre los 15 primeros. No esta vez. Por eso lo viví con un poco de resignación. Corrí para acabar el Rally y también para terminarlo entera. La primera semana no la disfruté nada, porque tuve un accidente; y la segunda no la pude disfrutar. Por la muerte de Paulo, que nos afectó a todos, porque no somos máquinas. Pero también por el tipo de etapas que tuvimos, que no ayudaban a desconectar de lo que pasó. En los días de ir a fondo y de aguantar el gas por zonas rotas o fuera de pista en los que nunca sabes dónde está el peligro no me lo pasé nada bien. No fue agradable. Llegué a pasar miedo.

Laia Sanz. ampliar foto
Laia Sanz.

P. Prácticamente todos los pilotos pasaron por el lugar del accidente de Gonçalves. ¿Cómo le afectó lo que vio?

R. Fue desagradable. Estaban reanimándolo. Y sabía que habían pasado 25 minutos más o menos, porque calculé el tiempo que había pasado entre que él salió y lo hice yo, y también el tiempo que me estaba sacando en la etapa… Nadie nos dijo nada, pero todos lo supimos. A mí me destrozó ver la cara de Toby [Price]. Entonces entendí que no había nada que hacer, porque Toby es un tío que conozco bien y estaba desencajado. Ver eso fue muy duro. Todavía tuvimos que hacer 200 kilómetros hasta el repostaje y luego terminar la etapa.

P. En su caso, todo parecía más difícil de gestionar porque, además, competía junto a su pareja, Jaume Betriu.

R. Claro. Piensas, sobre todo, en qué le puede pasar a él. Yo llevo años en el Dakar, me he caído varias veces, como todos. De hecho, me caí durante la primera semana, me comí una piedra que no vi y en una zona no demasiado rápida. Pero después de ver lo de Paulo, de asimilar lo rápidas que eran las etapas en esa segunda semana, pensar en que Jaume no tenía experiencia, aunque sé que tiene cabeza… No fue nada agradable. Hubiera preferido correr este Dakar sola antes que hacerlo con él en la pista. Cuando lo llevaba delante me pasaba las horas pensando en no encontrármelo nunca en el suelo. Hubo un día en que vi una KTM y un trozo de una KTM; hasta que vi que no era él… Fue duro. Los días que era yo la que salía por delante, cuando tenía un susto o me encontraba una duna cortada, pensaba: buah, espero que lo vea bien.

Cualquier dakariano de motos que tenga facilidad para aprender puede ser competitivo en coche

P. ¿Cuándo y por qué empieza una a plantearse que esto no vale la pena?

R. No es cuestión de los años. Si este Dakar hubiera sido hace tres años, yo ahora estaría igual. Ha sido más por el tipo de carrera que nos hemos encontrado que siento que no tengo nada que hacer, ni ganas tampoco. Aunque soy muy competitiva y muy profesional, aunque sé que los rallies comportan mucho riesgo, y lo asumo, no estoy dispuesta a asumir lo de este año. No me vale la pena. Si me hubiera encontrado un Dakar así en mi primer año no sé si hubiera vuelto. Eso te hace pensar. Cierto es que ahora lo veo negro porque acabo de volver. En caliente no es el momento de pensar en cambiar la moto por un coche. Aunque si ahora me aseguraran que el Dakar del 2021 volverá a ser igual que este seguramente vuelva, pero con otro vehículo. Este año lo he encontrado demasiado peligroso. Prefiero un Rally como el de otros años; este no ha sido un Dakar duro, no ha sido exigente físicamente, no hemos terminado ninguna etapa destrozados. Un Dakar tiene que ser así. Y si los coches tienen que terminar de noche, que terminen de noche.

P. Jutta Kleinschmidt, la única mujer que ha ganado el Rally Dakar en coches (2001), le ha dado su bendición. Cree que podría ganar.

R. ¡Ahora solo me falta el coche! Hace unos años era más fácil dar el paso. Al final yo soy una piloto de motos. Creo que cualquier dakariano de motos que tenga facilidad para aprender puede ser competitivo en coche. Pero, claro, con horas y aprendizaje, que nadie nace enseñado. Ojalá tenga la opción de tener un coche competitivo en el futuro, de poder formarme y de contar con un buen copiloto. Pero es difícil.

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