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Arabia Saudí gusta, pero el Dakar 2020 no tanto

Los pilotos lamentan que la velocidad se haya impuesto a la navegación en un Rally poco físico

Rally Dakar 2020
Jaume Betriu, en la etapa seis del Rally Dakar.

Arabia Saudí ha gustado, y mucho, como escenario para el Rally Dakar. Los participantes, muchos de ellos nostálgicos de los años en que llegar a Dakar (Senegal) y ver el Lago Rosa era el objetivo, se han enamorado de los paisajes. Su orografía no ha decepcionado en absoluto. Pero su desierto, inmenso, quedó prácticamente inexplorado. Se había advertido de que esta edición de la carrera, la primera que se celebra en la península arábica, tendría mucha arena. Sin embargo, ha habido más tierra (y polvo) que dunas. La carrera se ha acelerado y la navegación ha cedido mucho protagonismo a medida que avanzaban los días. Por eso, los pilotos, piden un cambio. Y ASO, la empresa organizadora de la prueba, les escucha.

Dijo David Castera, nuevo director del Rally Dakar, al inicio de esta 42ª edición, que el diseño del recorrido había sido “la cosa más fácil de este año”. Es probable. El entorno le daba miles de posibilidades. Pero, en opinión de los corredores, debe afinar más.

El Dakar de ese año ha sido eminentemente un Dakar rapidísimo, poco físico –ha influido la temperatura, considerablemente más baja que la de Sudamérica– y relativamente complejo cuanto a navegación.

Jaume Betriu, de 31 años, corría su primer Dakar y lo terminó como el mejor debutante de este 2020. Disfrutó de la primera semana. “Y aprendí mucho”, dice. Pero no tanto de la segunda. El accidente mortal que sufrió Paulo Gonçalves, uno de los grandes nombres de la prueba, justo tras la etapa de descanso, marcó a los participantes, especialmente a los que van en moto, como el portugués, siempre más vulnerables –hay, además, un piloto holandés, Edwin Straver, en estado crítico tras una caída en la 11ª etapa. “Fue una semana complicada para todos los que vamos en moto. Fue una semana muy rápida, muy difícil de llevar. Se me hizo muy duro de cabeza”, concede.

Ha sido muy difícil llevar la situación. Las etapas esta segunda semana no ayudaban mucho a pensar de otra manera”, apunta Laia Sanz, muy crítica, que llegó a confesar tener ganas de que terminara la prueba. “Al final no depende de la técnica, ni de la navegación, sino más bien de aguantar con el gas a fondo”, dijo. Y eso no gusta a los corredores. “La primera semana fue muy bonita, pero para la segunda esperábamos mucha duna, mucha arena y ha habido básicamente platós rápidos; arena hubo poca. Habría que intentar poner un poco más de navegación y que pasen cosas, porque al final no pasaba nada, solo había caídas”, señaló al terminar el Rally. Este es su décimo Dakar. El décimo que termina de manera consecutiva, algo de lo que pocos pueden presumir.

“Ha sido un Dakar un poco light. Los camiones llegaban de día y eso es por algo. Ha sido una carrera muy rápida. Hemos corrido a 120km/h de media y eso no es nada normal”, decía Joan Pedrero tras su Dakar número 11. El catalán se guiaba por su sensación. A los 41 años, advertía, debería haber soportado peor esas 12 etapas, especialmente en las condiciones en corría este año, sin demasiados recursos y durmiendo en una tienda de campaña.

“La primera semana hubo un par de días que fueron un poco físicos, pero la segunda podías ir sentado encima de la moto. No hemos acabado cansados. Lo hemos hablado entre nosotros los participantes. Había muchas pistas, mucho plató, todo plano”, añade Betriu.

Castera asume las críticas. Se explica. Y hace propósito de enmienda. “No quería que fuera un Dakar difícil. Sabía que la noche aquí cae muy temprano y no sabía cómo gestionar todo eso en un país nuevo. No quería tener que gestionar millones de problemas. Ni que un día se me quedaran 50 personas atrapadas en las dunas”, asegura. Para contrarrestar esa escasa dificultad, se impuso la velocidad. No había otra manera de sumar tantos kilómetros y evitar que las etapas se alargaran mucho más allá de las cinco, cuando empieza a marcharse el sol. “Ha sido una segunda semana demasiado rápida, lo sé, pero nos dimos cuenta un poco tarde. Y cuando ya lo has planificado todo es difícil cambiar todo. Habrá que trabajar en ello”, promete.

“Creo que la gente en África también estaba acostumbrada a llegar de noche. Esto es el Dakar y eso es parte de la carrera. Preferiría que los amateurs llegasen de noche, pero todos llegásemos al final de la carrera”, le responde Sanz. Que, también tiene buenas palabras para la organización. Como la inmensa mayoría de participantes, la piloto española alaba el nuevo diseño del libro de ruta: “Estaba muy bien hecho, por eso no nos hemos perdido”.

También los pilotos de coches reconocieron que habían tenido que correr y arriesgar mucho. “Ha sido un Dakar difícil, en el que hemos ido a fondo desde el primer hasta el último día”, afirmó Carlos Sainz, ganador de la carrera. Pero en su caso la velocidad no tiene un factor de peligrosidad tan alto como en el de las motos. “Ha sido una carrera rápida y con riesgos, pero sabemos lo que hacemos. Empujamos al límite, pero ese es el juego. Estamos aquí para ganar. No estamos aquí para ir despacio, es para ir rápido”, remató Nasser Al Attiyah, el subcampeón.

De los 342 vehículos que tomaron la salida en Yedda el pasado 5 de enero, el 67,5% llegó este viernes al podio final. Fueron 96 motos, 12 quads, 57 coches, 26 side by side y 40 camiones, un total de 231. Un año antes solo el 53,6% de los que comenzaron el Rally terminaron la carrera: 179 de 334.

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