Nadal y Korda, del golf a un gato llamado Rafa

El estadounidense, rival del mallorquín en los octavos, es hijo del finalista del 92 en París, hermano de la segunda mejor golfista del mundo e idolatra al balear: “Él es una de las razones por las que soy tenista”

Sebastian Korda devuelve de revés durante un partido en Roland Garros.
Sebastian Korda devuelve de revés durante un partido en Roland Garros.YOAN VALAT (EFE)

Repasando el libro de familia de los Korda, parece inevitable que Sebastian, 20 años, llegase hasta donde ha llegado hoy. Su padre Petr fue campeón del Open de Australia en 1998 y número dos, aunque su nombre quedó manchado por la nandrolona; su madre Regina Rajchrtova también fue tenista profesional y llegó a ser la 26ª de la WTA; su hermana Jessica, la mayor (27), es actualmente la segunda mejor golfista del mundo; y Nelly, que nació un par de años antes que él, también apostó profesionalmente por el putt. Es decir, el destino estaba claro; la disyuntiva estaba en la herramienta.

Por eso de descolocar, el verdugo de Pedro Martínez y ya octavofinalista de Roland Garros comenzó con el stick de hockey, aunque al final eligió la raqueta a los 11 años con un objetivo claro. “Ganar dos Grand Slams, uno más que mi padre”, cuenta a los periodistas después de lograr la victoria ante el valenciano (6-4, 6-3 y 6-1) y ganarse una cita con Rafael Nadal en el segundo grande en el que participa, tras estrenarse hace poco más de un mes en el US Open con una derrota en la primera ronda contra Denis Shapovalov.

“Él es mi gran ídolo, una de las razones por las que juego al tenis. Es un competidor increíble, nunca se rinde. Siempre que estoy en la pista, intento ser como él”, añade antes de desvelar que llamó a su gato Rafa y que, como el ganador de 19 grandes, como sus dos hermanas, también disfruta mucho con el golf. “Juego mucho cuando estoy en casa. Tengo un hándicap de dos o tres, y mi padre es de un gran club. En realidad, somos todos buenos golfistas”, añade este gigantón diestro y larguirucho (1,96, seis centímetros más que Petr) que todavía tiene que hacerse físicamente, y que nació y creció en Bradenton.

Allí ha ido dándole forma la academia de Nick Bollettieri, inagotable fuente de talento que celebra ahora su progresión. “Si le he servido de inspiración, bienvenido sea. Tiene un gran futuro por delante y ese potencial extra de los jóvenes, que no sabes hacia dónde pueden ir en un momento dado, pero el domingo voy a salir a la pista al cien por cien”, anticipa Nadal. “Fui con mi padre y con Radek [Stepanek, exjugador checo] al US Open de 2009. Jugó contra Djokovic en la sesión nocturna y cuando volvimos a casa dije: esto es exactamente lo que yo quiero hacer”, recuerda.

Sigue rebobinando y explica que ha visto muchas veces (“tenemos un par de cintas de vídeo…”) aquella final que perdió Petr en 1992 en París, contra el estadounidense Jim Courier, en tres sets. Desea ahora él seguir abriéndose camino en el tenis y de momento figura entre los 16 mejores del torneo, partiendo desde la fase clasificatoria, estando fuera del top-200 y sin saber qué significaba ganar un solo partido en un major. El apellido Korda, pues, vuelve al escaparate del circuito. De Petr a Sebastian, este frente a Nadal. Golf y gato de por medio.

Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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