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La prueba del 9

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el debate no era qué 9 necesitaba el Barcelona, sino si el Barça, su juego, necesitaba uno. Y más cuando en esa posición jugaba Leo Messi

Luis Suárez trata de rematar ante Pedro López.
Luis Suárez trata de rematar ante Pedro López.Eric Alonso / Getty Images

Traducción clásica de 9: delantero centro de referencia, generalmente finalizador del juego, o sea, goleador y con poca participación en la construcción del juego, salvo en los balones largos, donde se constituye en referencia para la salida del balón.

Se hace raro ver a Luis Suárez vestido de rojiblanco pero seguro que en nada nos habremos acostumbrado y, salvo en el partido contra el Barça, nadie va a sentirlo fuera de escena, sobre todo él mismo, en esa sensación extraña de cuando vuelves a tu antiguo campo y dudas un segundo si ir al vestuario local o visitante.

Hasta se diría que el Atlético es un club que encaja muy bien con su ADN.

Hablando de ADN me vienen a la memoria los debates sobre la conveniencia del fichaje de Luis Suárez por el FC Barcelona. Recuerdo aquellos asuntos de que el Barça necesitaba un 9 pero para un plan B; ya saben: cuando el juego no da para ganar y hay que recurrir a la épica, al centro sobre el área, a los balones bombeados y la segunda jugada.

Y para eso el perfil de Luis era demasiado grande, demasiado jugador para llamarle “plan B”. No sé yo si me hubiera atrevido a llamarle para proponerle ese plan secundario. Más bien diría que no.

Porque hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el debate no era qué 9 necesitaba el Barça, sino si el Barça, su juego, necesitaba un 9. Y más cuando en esa posición jugaba Leo Messi, aunque a eso le llamábamos “falso 9” o hasta “9 mentiroso”, como si en el juego inteligente y creativo de Leo pudiera haber algo de falso.

Pero en esos debates se mueven también otros equipos. Cojamos un clásico, el Athletic Club. Uno diría que la historia del Athletic se escribe entre 1 y 9 (sí, ya sé, me dejo gran parte de la historia rojiblanca fuera, pero es por resumir…), con Zarra como gran 9 de la historia. Bueno, con Pichichi. Y estos dos dan nombre a los trofeos de los goleadores en España. Y esa herencia siguieron en los últimos tiempos Urzaiz y Aduriz. Y ahí andan los bilbaínos dilucidando si hay que buscar nuevas formas de 9 con la velocidad de Williams o hay que buscar en el armario a un 9 de los de siempre como Villalibre.

Bueno, y si seguimos explorando veremos que el Real Madrid tiene un 9 que juega casi de 10 y que así y todo es un magnífico goleador como Benzema, pero que parece siempre con velo de bruma porque es un 9 que no es un 9. Como si eso fuera un problema más que una solución.

O, en el otro lado, las preguntas que se han hecho algunos seguidores sevillistas porque De Jong era un 9 demasiado 9, un cabeceador formidable y un punto de apoyo y salida magnífico para su equipo, pero no ese goleador letal que se demanda. Claro que si vamos a preguntarle a los centrales de Manchester United e Inter de Milán seguro que tienen otra opinión de él. Ya no les digo si se lo preguntan a Niklas Süle, central del Bayern Múnich, que todavía está buscando por dónde ganarle la posición de De Jong en aquella precisa dejada que propiciaba el penalti a Rakitic.

Pues eso, que para el 9 se hicieron las teorías y las especulaciones.

Disfrutemos de que Luis Suárez siga en nuestro fútbol, enseñemos a los niños que quieren ser delanteros esa dejada de pared para dejar solo a Marcos Llorente con el portero, que los 9 más clásicos no solo viven de goles sino también del juego.

PD: para lo del 9 se recomienda seguir a Iago Aspas, un 9 que juega con el 10 y es un 9 y medio.

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