FC BARCELONA

Bartomeu sigue hasta el final

La junta directiva del Barça convoca elecciones para después del 15 de marzo, destituye a Quique Setién y negocia el fichaje de Ronald Koeman

Bartomeu, llega a las oficinas del Barcelona en el Camp Nou. En vídeo, Bartomeu convoca elecciones y destituye a Setién. JOSEP LAGO / AFP

Quique Setién ha dejado de ser el entrenador del FC Barcelona. Aparecen dudas sobre la continuidad del capitán, Leo Messi. También se discute al secretario técnico, Eric Abidal. El presidente, por el contrario, continúa siendo Josep Maria Bartomeu y aspira a agotar su mandato en 2021. La dolorosa goleada de Lisboa exigía depurar responsabilidades y el máximo mandatario no solamente no se da por aludido, sino que ha sacado el bisturí en la parcela deportiva, exige que se cuadren las cuentas y aspira a marcar la hoja de ruta de la entidad hasta las próximas elecciones, que se celebrarán a partir del próximo 15 de marzo —el primer día que a partir de la fecha se dispute partido de LaLiga en el Camp Nou—. No se adelantan por tanto los comicios —estatutariamente el presidente está facultado para convocarlos entre marzo y junio— ni habrá dimisiones en la directiva de Bartomeu.

Analizadas todas las opciones”, anuncia el comunicado del club, “la convocatoria de elecciones de manera inmediata no es viable” si se tiene en cuenta tanto que el campeonato de LaLiga empezará el fin de semana del 12 de septiembre como el marco derivado de la crisis de la covid-19.

Así se acordó en la reunión del consejo celebrada este lunes en la sede del club con la asistencia de 14 miembros, ocho de forma presencial y seis de manera telemática, todos cuantos quedan después de la salida en abril pasado de cinco directivos y del vicepresidente Emili Rousaud, quien tenía que ser precisamente cabeza de cartel de la candidatura continuista y se mostraba partidario de adelantar las elecciones, un plan que provocó la réplica inmediata de Bartomeu.

Rousaud tomó entonces el mismo camino que en su día Javier Faus, Susana Monje, Carles Vilarrubí, Jordi Monés, Manel Arroyo y Jordi Mestre. La última ya fue una crisis con un trasfondo electoral y sobre todo económico, después de la explosión del Barçagate, el caso de las redes sociales, rematado por la sospecha de que alguien metía mano en la caja del club de acuerdo a la denuncia de Rousaud. Aunque la auditoría encargada puso a salvo a Bartomeu, la administración es tan cuestionada como una política deportiva que ya provocó en su día el cisma de aquellos miembros del consejo que acusaron al presidente de haberse entregado a una plantilla que es la más veterana y mejor pagada de la última Champions.

La política de canjear dinero por títulos todavía no ganados se acabó con el 2-8 ante el Bayern de Múnich. Bartomeu necesita ahora encajar los números —la nota oficial recuerda que “la celebración de elecciones a partir del 15 de marzo implica que la directiva asume la plena responsabilidad en relación al cierre del ejercicio económico de la temporada 2020-2021”— y tutelar de alguna manera el proceso electoral, una táctica que podría delatar sus preferencias sobre el próximo presidente del Barça.

Bartomeu apela al sentido de la responsabilidad, a la interpretación de los estatutos y al margen de maniobra que ofrecen, y sobre todo a la necesidad de cerrar y abrir dos ejercicios deportivos y económicos que en muchos aspectos prácticamente se solapan, para argumentar que no forma parte del tablero electoral una vez se sabe que no puede optar a la reelección porque acaba su mandato después de ser elegido en 2015. El presidente entiende que cualquier decisión dilatoria o drástica, como sería dejar el club en manos de una gestora, supondría una paralización del club que agravaría la crisis institucional desatada después de la goleada encajada en la Copa de Europa.

El ejemplo Jasikevicius

La táctica a aplicar, “el plan de choque, basado en cambios profundos en el primer equipo y en una redefinición presupuestaria” —palabras oficiales— es la misma que ya utilizó Bartomeu en el Palau: el Barça negocia el fichaje de Ronald Koeman después de haber presentado a Sarunas Jasikevicius.

Ambos son técnicos que generan consenso en el barcelonismo por su trayectoria, a diferencia de candidatos como Mauricio Pochettino, bien relacionado con Bartomeu. Koeman intenta desvincularse del contrato que tiene firmado con la federación holandesa hasta 2022. A su favor juega que tiene una cláusula liberadora en caso de recibir una oferta del Barcelona después de la disputa de la Eurocopa. El aplazamiento del torneo continental favorece las conversaciones del técnico holandés con el Barça después de que hubiera descartado su regreso al Camp Nou en 2003 y en enero pasado después de la destitución de Ernesto Valverde.

La coyuntura beneficia a Koeman frente a la opción de Francesc García Pimienta, el técnico del filial barcelonista, que habría sido una alternativa interina y habría dado más margen de maniobra al nuevo presidente del Barcelona. La candidatura de Koeman presenta además una ventaja para las intenciones de Bartomeu. La personalidad y carácter de Tintín, mitificado por su gol de Wembley 92, facilitaría la necesaria remodelación de la veterana plantilla que capitanea Messi. Nunca le tembló la mano en las transiciones deportivas como ya se advirtió en Holanda y en el Valencia.

A Koeman, en cualquier caso, le interesa un contrato por más de una temporada antes de sustituir a Setién, quien ayer almorzó con Abidal antes de ser destituido y cuyo acuerdo condicionado expiraba en 2022.

La rescisión de los contratos, la lista de bajas y también de posibles fichajes dependerá en cualquier caso de la disponibilidad económica del club, ahora mismo muy mermada: se estima que las pérdidas de la actual temporada serán del orden de 150 millones, el próximo presupuesto se reducirá en unos 200 millones más —de 1.000 a 800— y algunas fuentes financieras sitúan la deuda de la entidad sobre los 700 millones.

No queda duda en cualquier caso de las intenciones de la junta, dispuesta a afrontar “una amplia reestructuración del primer equipo que será desde el consenso con la actual secretaria técnica y el nuevo técnico, que será anunciado en los próximos días”, insiste el comunicado del FC Barcelona. La junta entiende al mismo tiempo que pese a su intervencionismo, la convocatoria de elecciones en marzo, “permitirá un traspaso ordenado a la candidatura ganadora, que dispondrá de un margen de tiempo suficiente para que pueda planificar la nueva temporada 2021-2022”.

Ahora queda por ver si Bartomeu aguantará la presión hasta marzo y sus decisiones serán asumidas, sin quemar a sus apuestas en los banquillos, después de perder credibilidad y autoridad por su mala gobernanza, especialmente en la temporada que ha acabado sin un título, circunstancia que no ocurría desde 2008. Aunque los partidos se seguirán jugando a puerta cerrada durante tiempo, la figura presidencial deberá someterse en octubre a la asamblea de socios después de haber sido muy contestada por los precandidatos a las elecciones, y en especial por Víctor Font, que aspira a contratar como técnico a Xavi Hernández.

El excapitán azulgrana ya declinó en enero una oferta del Barça y, por tanto, el posible fichaje de Koeman se ha interpretado en algunos sectores como una réplica en clave electoral, extremo que niegan desde las oficinas del Camp Nou. A la directiva, en cualquier caso, le interesa que se formalice una candidatura próxima a sus intereses y a los del expresidente Sandro Rosell. Ante la acusación de falta de dignidad por no dimitir, Bartomeu responde que aguantará hasta el final por respeto a los estatutos del Barça.

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