Champions League

El mago que se puso el mono

Thiago llegó hace siete años al Bayern como un virtuoso del balón, pero ahora, de mediocentro, brilla también por su trabajo

Thiago, en el último envite ante el Chelsea.
Thiago, en el último envite ante el Chelsea.MICHAEL DALDER / Reuters

Frente al Chelsea, en el último envite europeo que clasificó al Bayern para esta Champions exprés, Thiago Alcántara (San Pietro Vernotico, Italia; 29 años) fue un espectáculo, un centrocampista total que dirigió el cotarro con los pies y la cabeza. Retrocedió para situarse como tercer central y capitalizar la raíz del juego, palanca que movía al equipo con pases que descontaban líneas de presión, con cambios de orientación teledirigidos y hasta con una entrega defensiva encomiable de tackle y cuerpeo. Demostró el tipo de jugador que es, lejos de esa versión virguera que tanto magnetizaba pero que resultaba poco efectiva para el juego coral. Eso pretende repetir el viernes ante el Barça, su exequipo.

Reclamado por Pep Guardiola, Thiago se marchó al Bayern en 2013. Por entonces era un pipiolo que veía el fútbol con ojos de brasileño, que por algo su padre es Mazinho, campeón del mundo en 1994. “Mi juego en Alemania se valoró desde el principio porque era diferente”, reconocía el jugador, comparado con Özil por su calidad técnica y facilidad para catapultar a los delanteros. Pero perdía más balones de los tolerables. “Antes pensaba que podía arriesgar más. Ahora pienso diferente. Sé que lo voy a regatear o que puedo dar ese pase, pero al final me quedo con la opción simple”, señalaba a la revista alemana 11 Freunde “Se trata de disfrutar con responsabilidad. Hacer un caño es divertido, pero no se puede hacer en tu área. Con la edad, tomas mejores decisiones”, completó para The Telegraph.

Molesto porque con España —frente a Suecia el año pasado— falló un gol clamoroso por intentar hacerlo bonito, Thiago ha virado su fútbol, exigido como está ahora de mediocentro. Algo extraño porque con Kovac, el técnico que comenzó el curso en el banquillo del Bayern, se hizo el dueño de la zona trescuartista, por más que también jugara en ocasiones de mediocentro. “Está jugando a un nivel extraordinario y siendo un jugador dominante en la Bundesliga”, le reconoció Kovac. Pero el técnico no profundizaba en el juego de equipo sino en las individualidades, lejos de congeniar con un vestuario acostumbrado al juego del toco y me voy que instauró en su día Guardiola.

Con Flick, sin embargo, se ha mejorado en todo, aunque Thiago dé un paso hacia atrás y destile su último pase o esos quiebros que enganchan al aficionado. “Todos conocíamos su calidad. Pero sorprende cómo se ha adaptado a la posición de mediocentro y cómo influye en el juego porque al Bayern todo lo que sea tener el balón le va bien”, señala Ignacio Camacho, medio del Wolfsburgo. “Ha madurado y cambiado mucho desde que llegó de España”, añade Giovane Élber, exdelantero del Bayern y tercer máximo goleador de la historia de la Bundesliga; “ha sido capaz de cambiar su forma de jugar y mantener su fútbol. Es impresionante porque además ha pasado lesiones serias”.

Dobles sesiones

Se refiere a una rotura de ligamentos de tobillo al final de su primera temporada, también a la rotura de ligamentos de rodilla y posterior recaída en 2014 que le quitó un año de fútbol. “Un año perdido. Pero fue magnífico poder vivir cómo se apoya aquí a un jugador lesionado. El club nunca puso en duda que seguiría contando conmigo”, admitió Thiago. Pero eso también fue un proceso de maduración para el jugador, que desde entonces pone especial hincapié en el trabajo de prevención y la preparación física, pues hace dobles sesiones, una en el club y otra en casa.

Por su trabajo, magia y esfuerzo, Thiago ha acabado siento titular con todos los entrenadores que ha tenido en el Bayern (Guardiola, Heynckes, Ancelotti, Kovac y Flick). Pero ahora se ve esa versión que siempre se le reclamó. Esa que quiere descorchar ante el Barça, rival al que ya se midió sin éxito en las semifinales de 2015; y esa que le valdrá para firmar por el equipo que quiera al acabar contrato la próxima temporada, pues siempre ha sido dueño de su destino: escogió irse del Barça como se presupone que lo hará del Bayern para disfrutar de otra experiencia.

“Espero que pueda quedarse porque es capital para nuestro juego”, ansía Élber. De momento, es feliz con su mujer y dos hijos (Gabriel, de cuatro años; Siena, de ocho meses) en el barrio residencial de Grümwald, donde vive el grueso de la plantilla bávara y que está a 10 minutos de la ciudad deportiva. Toca el Barça y, en el Algarve —donde se ejercita estos días el Bayern— dicen que ya ha llevado el mono a la tintorería.

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