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El largo extravío del Barcelona

El equipo azulgrana no encuentra su plan de juego ni siquiera con una buena versión de Messi a pesar de ser líder de LaLiga

Messi, durante el clásico ante el Madrid. En vídeo, Ernesto Valverde habla del juego del Barça tras el partido contra el Real Madrid.

El Barça alcanzó la cima del mundo hace justamente diez años en Abu Dabi cuando ganó su sexto título en un año, un hito decisivo para entender el legado del equipo de Guardiola, el técnico que le puso método a la idea de Cruyff. A partir del juego de posición, posesión y presión, expresado en los centrocampistas, el Barcelona trascendió como un equipo asociativo, dinámico y moderno que triunfaba por su vocación ofensiva, siempre acampado en cancha del rival. Aquella propuesta ha caducado por el envejecimiento de su plantilla, porque el fútbol se juega a un ritmo distinto y por las exigencias de la marca Barça. El Barcelona de hoy ya no juega como el Barça de ayer y, sin embargo, domina LaLiga y disputará los octavos de la Champions. Los resultados avalan de momento la transición azulgrana, personificada en Piqué, Messi y Busquets, el trío que continúa desde 2009. El fútbol, sin embargo, compromete el estilo genuino del Camp Nou, modificado desde el éxito del tridente y del triplete en 2015.

El tridente. La alineación de Griezmann, jugador sin regate y, en cambio, único cuando ataca el espacio, no se discute por su generosidad defensiva, manifiesta en el repliegue, después que se consienta que tanto Messi como Luis Suárez se descuelguen en ataque. Los delanteros no presionan en bloque y los robos en campo contrario se han reducido: de 15,1 y 16 en las dos primeras temporadas de Valverde a 14, estadística rebajada a 11 en la Champions. No se aprieta de manera sincronizada —“en la segunda parte nos juntamos cuando tocaba”, soltó Rakitic después del clásico— y los dos puntas aguardan si es necesario los saques de Ter Stegen.

Fragilidad defensiva. La falta de presión azulgrana y la separación de sus líneas permitieron al Madrid correr con el balón con Kroos y Valverde. El equipo se parte porque el juego ya no pasa por la línea de medios desde que los centrocampistas se entregan al diálogo defensa-delantera, línea representada por Luis Suárez, Messi y Neymar y hoy por Luis Suárez-Messi-Griezmann. El Barça es más vulnerable que nunca: 1,18 goles por partido en LaLiga, registro solo comparable al 1,05 de la temporada 2012-13, cuando el técnico era Vilanova, o al 0,97 del curso 2016-17, último de Luis Enrique. El sostén en el clásico fue Piqué porque el equipo recula, requerido por las transiciones de equipos tan distintos como el Slavia, Real Madrid, Inter, Real Sociedad, Granada y Osasuna. Los azulgrana llegan tarde a la corrección, no restan pases después de los espacios concedidos y corren menos que la mayoría de contrarios en LaLiga y la Champions.

Messi. El capitán es la llave de paso para el ataque —acumula en LaLiga seis asistencias—— y también supone el punto final porque suma 12 goles, pichichi con Benzema. No se discute al 10, sino que su alineación conlleva la de Suárez. El charrúa ha reducido su zona de influencia, gestiona los esfuerzos y limita sus desmarques, y participa menos del juego colectivo, circunstancia evidente ante el Madrid. Valverde insiste en la alineación del tridente así como en la línea de cuatro defensas, con Sergi Roberto o Semedo.

Las alternativas. Ansu Fati creó más preocupaciones en diez minutos a Carvajal que Griezmann en 80, porque encaró, tiró el quiebro y reclamó la atención de los centrales del Madrid. El juvenil desequilibra de la misma manera que el canterano Carles Pérez comprende el juego posicional del Barça.

Los centrocampistas. Aunque su actuación fue deficiente ante el Madrid, De Jong es el único volante inamovible. Busquets ya no es irremplazable y Rakitic recuperó el puesto por la lesión de Arthur. El dinamismo del croata, excelente en las correcciones y el conocimiento del puesto de volante, permite el despliegue de Messi y facilita la vida a Sergi Roberto.

El mediocentro. A pesar de que el juego evoluciona, el Barça siempre encontró al futbolista que diera salida a su fútbol desde que Cruyff apostó por Milla. La figura del mediocentro ha evolucionado a partir de figuras como Koeman, Guardiola, Popescu y Edmilson hasta la llegada de Busquets. A partir de un volante central que equilibraba el juego, Xavi marcó el estilo e Iniesta desequilibraba como extremo o volante en función de los movimientos de Leo Messi. Al Barça le cuesta hoy salir con la pelota desde atrás y la fuente de alimentación más fiable es la que ofrece el 10 o los pelotazos de Ter Stegen. Los azulgrana solo sumaron 77 pases buenos en campo contrario ante el Madrid cuando la media es de 150. La duda está en si le conviene más imitar a equipos convencionales que se entregan a sus delanteros o le iría mejor recuperar sus raíces y apostar por un volante de referencia: insistir con Busquets o entregarse a De Jong. La evolución de la selección española le puede servir de referencia: la selección se inspiró en el Barça en su momento y fracasó cuando quiso seguir copiándose después del título mundial de Sudáfrica.

Hoy parece un equipo regresivo que funciona por inercia, sin ritmo ni mando, rasgos justamente que le distinguieron en 2019.

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