Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Japón es un tifón

Los anfitriones hacen historia con su primer pase a cuartos en un Mundial tras superar (28-21) a Escocia, que queda eliminada, en un duelo que no se confirmó hasta nueve horas antes

mundial rugby 2019
El japonés Yutaka Nagare (i) y el escocés Jamie Ritchie, en una acción del partido. AFP

El desafío de Japón al antiguo régimen del rugby toma cuerpo y la polémica del supertifón Hagibis queda ya en el Pacífico. Por primera vez desde 2007, una selección fuera del Tier 1 –el primer escalón internacional, con los socios del Seis Naciones y los cuatro del Rugby Championship– entra en cuartos de final de un Mundial. Fiyi lo hizo entonces ante una Gales venida a menos; Japón lo ha logrado este domingo con mayúsculas. Escocia, que amenazó con acciones legales si los organizadores cancelaban su partido y quedaban eliminados sin jugar, claudicó ante un estilo rompedor. Los orgullosos bajitos nipones, que ya sorprendieron a Irlanda dos semanas atrás, ganan el grupo A y se medirán el domingo a Sudáfrica. Irlanda, segunda, se las verá con los All Blacks.

Así quedan los cuartos de final

Inglaterra- Australia (sábado 19, 9.15)

Nueva Zelanda – Irlanda (sábado 19, 12.15)

Gales-Francia (domingo 20, 9.15)

Japón-Sudáfrica (domingo 20, 12.15.)

El partido que pudo no jugarse fue una delicia. Al filo de las 11.00, los organizadores concluyeron la inspección a las instalaciones de Yokohama y su estadio, de 72.000 espectadores, acogió el encuentro. No pudo disputarse el Namibia-Canadá, que se suspendió por las inundaciones en Kamaishi. Es el tercer partido que se cancela en el torneo después del Inglaterra-Francia y el Nueva Zelanda-Italia. Fueron las primeras suspensiones en los nueve mundiales disputados.

Escocia esgrimió una gran puesta en escena. Su tercera línea se desenvolvió muy bien en las trincheras y entorpeció la diabólica secuencia de corcheas japonesas a la mano. Bordeando la frontera de lo permitido, Fraser Brown era un destructor de primer nivel. Los anfitriones, deseosos de reanudar la marcha enseguida, se las veían para liberar y no aseguraban el oval. Un par de faltas locales plantaron a los escoceses en campo rival y el apertura Finn Russell entró sin resistencia por el centro para anotar el primer ensayo.

Como ante Irlanda, Japón necesitó tiempo para carburar, pero su engranaje no tuvo respuesta. El XV del Trébol claudicó porque perdió el balón y acabó agotado de placar tantas embestidas. La gran virtud de los japoneses, con su capitán Michael Leitch a la cabeza, es la fiabilidad para pasar el oval mientras el rival intenta placar. El agobio para la defensa es total, no solo por el tempo, sino porque las ayudas no pueden cubrir todo el ancho. En cuanto Escocia dejó de entorpecer esa sinfonía, fue un juguete.

Japón es una delicia para expandir el rugby a nuevos aficionados. Una vez que Matsushima abrió el melón, los anfitriones se desataron. El potente ala, de madre japonesa y padre zimbabuense, recogió un offload de escándalo de Fukuoka, soltando el oval con un gesto genial desde el suelo, para aprovechar la superioridad por el costado izquierdo. Ya le costaba bascular a Escocia, que se había despedido del balón y empezaba su retirada.

El rugby es un cúmulo de pequeñas victorias, por eso Japón celebró con euforia la primera melé que hundían los escoceses, culpa del talonador Horie. Y al riesgo natural de los anfitriones le siguió la confianza, una mezcla explosiva. El resultado fue un ensayo que sirve de paradigma a su rugby. Todo empieza con los pinchazos eléctricos de los delanteros, sin pausa. Con la zaga rival jadeando, emerge por el medio Matushima, que rompe un par de placajes. La superioridad numérica es ya irreparable porque los japoneses siempre sueltan el balón y tienen un compañero listo para recibirlo. Entonces, el más fornido de todos, el pilier Inagaki, recibe el oval para posar bajo palos.

El XV del Cardo se asomaba a la lona y golpe de gracia lo firmó el genial Fukuoka, como ya hiciera ante Irlanda. El versátil tres cuartos arrancó desde el ala y embolsó una patada al hueco de Lafaele. Su gesto técnico, cazando a una mano y desde muy arriba el oval, le valió una autopista hacia la zona de marca. Escocia, desbordada, agradeció el descanso (21-7) ante unos anfitriones impolutos que ganaron todas las batallas: tres cuartos del tiempo en campo rival, 75% de posesión, seis veces más metros ganados (339 por 52 de Escocia) y pases (120 por 22).

Sin tiempo para avistar remontadas, Fukuoka arrancó el balón de las manos a Chris Harris y activó los propulsores para posar bajo palos. Con media hora por delante, Escocia no solo tenía que remontar 21 puntos, sino ocho más para evitar el punto bonus defensivo de los nipones. No le falta orgullo a los escoceses, que ya remontaron 31 puntos en Londres en marzo. Esta vez fue demasiado tarde

Gregor Townsend vació todo su banquillo y su delantera replicó el estilo japonés ante un rival que bajó las revoluciones. Escocia recuperó el balón y Russell tomó protagonismo. El resultado, dos ensayos rápidos de su delantera, empujada por la segunda línea para los ensayos de Nel y Fagerson. Sin grandes alarmas, Japón, con sus delanteros ya agotados, gestionó el reloj y evitó riesgos. Tras media hora sublime, el colchón era suficiente. La rebeldía nipona continúa.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información