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La Supercopa inglesa se tiñe de azul

El Manchester City derrota al Liverpool en los penaltis en un partido que los 'reds' dominaron por ímpetu y oportunidades

Liverpool Manchester City
Sterling supera a Allison en el gol del Manchester City.

En uno de los duelos más apasionantes que ofrece hoy el fútbol europeo solo el azar se sintió capaz de interponerse en el camino. Se decantó por el bando del Manchester City, que derrotó en los penaltis al Liverpool en la Community Shield (Supercopa inglesa) gracias a la pericia de Bravo, que adivinó el lanzamiento de Wijnaldum y entregó a los citizen, campeones de liga y copa la temporada pasada, el primer trofeo del nuevo curso. El acierto del portero chileno socorrió a un City que llegó ahogado al final de un partido que mereció ganar el Liverpool, y que mostró un despliegue físico impropio una semana de que comience la Premier inglesa.

En el reconocimiento del estilo de cada uno de los equipos no solo está la primera piedra para su desactivación, sino la representación empírica de cómo ambos encaran de distinta forma las situaciones que se suceden después con el balón de por medio. Mientras al Liverpool la pausa le adormece, al City le agudiza el ingenio. Cuando la pelota se desencadena, los reds vuelan a su alrededor mientras que para que eso ocurra en el bando celeste algún jugador debe regular la velocidad.

LIVERPOOL, 1 (4) - MANCHESTER CITY, 1 (5)

Liverpool: Allison; Alexander-Arnold (Matip, m. 67), Gomez, Van Dijk, Robertson; Wijnaldum, Fabinho (Keita, m. 67), Henderson (Lallana, m. 79); Salah, Origi (Oxlade-Chamberlain, m. 79), Firmino (Shaqiri, m. 79). No utilizados: Mignolet, Lovren.

Manchester City: Bravo; Walker, Stones, Otamendi; Zinchenko; De Bruyne (Foden, m. 89), Rodri, Silva (Gundogan, m. 61); Sané (Gabriel Jesus, m. 11), Bernardo Silva, Sterling. No utilizados: Ederson, García, Angeliño, Agüero.

Goles: 0-1. M. 12. Sterling. 1-1. M. Matip. 77. Penaltis: Shaqiri, gol. Gundogan, gol. Wijnaldum, parada. Bernardo Silva, gol. Lallana, gol. Foden, gol. Oxlade-Chamberlain, gol. Zinchenko, gol. Salah, gol. Gabriel Jesus, gol.

Árbitro: Martin Atkinson. Amonestó a De Bruyne.

Unos 50.000 espectadores en Wembley.

Lo divertido para el espectador de esta lucha de filosofías y egos en la que se han convertido los duelos entre el Liverpool y el City, entre Jurgen Klopp y Pep Guardiola, el caos contra la creación, es que todo sucede muchas veces y al mismo tiempo. Rara es la vez en la que algún equipo pierde varias batallas de manera consecutiva, por lo que la guerra siempre es un objetivo alcanzable. Más todavía si el marcador no actúa de canciller desnivelando la balanza.

Se entregó a su espíritu desbocado el Liverpool desde el principio, encarando cada duelo como un combate, y logró ahogar a Rodrigo, piedra angular de la salida de balón del City. Las cualidades técnicas del español no lograron imponerse a la presión, y en las primeras veces en las que pudo comunicarse con la pelota lo hizo enviándola hacia atrás. La ayuda de Silva tardó en aparecer, y mientras tanto la entrega de Fabinho y Henderson, dos gregarios intachables, ahondaron en esa crisis inicial. Sin embargo, la primera ocasión clara cayó del lado de los de Guardiola, tras un robo de Sterling, quizás la creación más completa del técnico, que arrancó como falso nueve, pero pareció un falso extremo, un falso centrocampista, pero un fu sobretodo un problema muy real.

La lesión de Sané a los diez minutos propició una secuencia de acontecimientos en cadena tan inesperados como beneficiosos para el City. La entrada de Gabriel Jesus derivó en un rearme del ataque que un minuto después culminó con el tanto de Sterling a bocajarro tras una cesión con la zurda dentro del área de Silva. No estuvo demasiado acertado Alisson, que bailó con el balón, pero no acertó a marcar el paso y sacarlo fuera de la pista de su guarida.

Ir por detrás del marcador no alteró la perspectiva del Liverpool, que contempló siempre el escenario ofensivo de la misma manera. El paso del tiempo desinfló al City que se encontró a un rival volcado al ataque que se agarró a Salah como rompehielos. El egipcio tuvo enfrente a Zinchenko, un centrocampista reconvertido en lateral que le compitió hasta que el nivel de su pareja subió de revoluciones. Aun así, el tanto del empate llegó con un cabezazo de Matip, que recogió una dejada de Van Dijk en el corazón del área tras un saque de falta.

La banda derecha del Liverpool empezó a desangrar al City, que a punto estuvo de perder el partido antes de los penaltis si dos disparos consecutivos del egipcio no se hubieran topado con los postes, y si en un tercero, de cabeza, Walker no hubiera volado para despejar la pelota al borde de la línea de gol.

Aunque durante el partido Guardiola y Klopp se las tuvieron tiesas en el área técnica, acabado el duelo ambos saldaron sus cuitas con uno de esos abrazos que esconden muchas más cosas de las que muestran. En Wembley se vivió una lucha destinada a vivir nuevos capítulos en un futuro próximo y no era plan de sacar los cuchillos tan pronto.

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