Monja Harden y su hijo James
El libro 'James Harden, la barba mecánica' narra la historia de superación de la estrella de la NBA


Compton es una ciudad del condado de Los Ángeles, en el estado de California. Tiene cerca de 100.000 habitantes. En los años ochenta, el área era un lugar peligroso. “Miramos por la ventana y vemos droga colombiana y rifles Ak-47 de la Unión Soviética”, decía uno de los protagonistas de la película Straight Outta Compton. Bandas callejeras, droga, racismo, brutalidad policial... aquel cóctel destiló en las revueltas de 1992, que dejaron más de 50 muertos y más de 2.000 heridos.
James Harden había nacido allí tres años antes de las protestas. Creció viendo todo a través de la ventana de su casa. Con un padre ausente debido a sus constantes entradas y salidas de prisión, fue su madre, Monja, la clave para que Harden se convirtiera en uno de los mejores jugadores de baloncesto del mundo. Ella fue la que insistió en que sus hijos hicieran deporte. La idea estaba clara: “Mantenerlos alejados de las bandas. No los involucré en los deportes solo porque pensara que tuvieran talento, sino para mantenerlos ocupados, para que hicieran algo constructivo”, decía. La jugada no salió nada mal. Su hermano mayor, Akili, fue profesional del fútbol americano.
Esos son los cimientos sobre los que se levanta James Harden, la barba mecánica (JC), el libro en el que Mariano Galindo presenta una completa historia vital y profesional del jugador estadounidense. Aquel niño con asma al que en el instituto daban chucherías a cambio de entrenar los tiros libres ya tenía claro su futuro con 12 años. Una noche dejó una nota escrita para su madre: “¿Me puedes despertar a las siete? ¿Me puedes dejar un par de dólares? PD: Guarda esta nota, voy a ser una estrella”. Años después se convertiría en el máximo anotador de la NBA, en el jugador más valioso de la liga regular y en una de las figuras más icónicas, gracias a su frondosa barba. Y también gracias a su madre, claro.
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