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COPA AMÉRICA ANÁLISIS i

La presión también jugó con Argentina y Brasil

El mérito de la Canarinha es que va afianzando un estilo de juego. En ocasiones supera con contundencia a sus rivales y en otras debe esforzarse mucho para ganar, como ocurrió ante la Albiceleste.

Casimiro y Gabriel Jesús disputan un balón con Sergio Agüero.
Casimiro y Gabriel Jesús disputan un balón con Sergio Agüero. EFE

Cuando Argentina y Brasil se enfrentan siempre hay una emoción, un significado especial. Su rivalidad deportiva es máxima en todas las modalidades en las que compiten a nivel internacional. Y al ser el fútbol el deporte más practicado en ambos países, trasciende cualquier tipo de expectativa que puede generarse en un partido como el que se vivió en la Copa América.

Me parece que Argentina todavía no ha encontrado el funcionamiento ideal para poder utilizar sus mejores individualidades, sobre todo a Leo Messi. Lionel Scaloni probó al inicio de la Copa América con un solo delantero. En los últimos encuentros intentó usar a dos y tuvo una leve mejoría en cuartos de final frente a Venezuela. En semifinales se vio, en líneas generales, un poco más de armonía. Messi, por ejemplo, fue el mejor ante Brasil ya que estuvo muy cerca del nivel que tiene habitualmente en el Barcelona. Pero esa armonía no alcanza a Sergio Agüero, Lautaro Martínez ni a los jugadores que entran en su recambio.

Además, no solamente fue la primera vez que Scaloni repetía equipo, sino que es la primera que se consigue en los últimos 40 partidos de la selección argentina. Han pasado cuatro técnicos y ninguno pudo repetir por lesión, expulsión, buen o bajo rendimiento de algún futbolista.

Por el contrario, Brasil encontró, en un esquema con cuatro defensores y cinco mediocampistas, cómo cubrir las zonas de su campo y cortar cualquier acción rival elaborada. Eso le permitió tener algunas jugadas a la contra, y con su gol se hizo más evidente: se refugió un poco más en su campo y le dio mayor posesión a los argentinos. Con su segundo tanto se definió el partido. Ya no se veía con fuerzas a Argentina como para desequilibrar, y el ingreso de Miranda ayudó a que Brasil se consolidara e incluso intentara ampliar el resultado al contragolpe.

Indudablemente, el hecho de que haya pasado mucho tiempo desde el último logro internacional de Argentina no sólo pesa en los jugadores, también en el pueblo y los hinchas argentinos. Genera mucha ansiedad y se la transmiten a los futbolistas, que si bien no tienen que acarrear con esa mochila de desilusión, es indudable que el hecho de perder tres finales en los últimos cinco años hace que se les reproche la falta de consecución de un título.

Creo que es difícil que los rivales puedan aprovechar este hecho, es una autopresión que se genera la selección argentina y que indudablemente impide que puedan desarrollar el nivel que cada uno de sus jugadores tiene en sus equipos, en concreto en los europeos.

Brasil también encara este torneo con mucha presión, pues tiene muy reciente la eliminación repentina del Mundial que organizaron en 2014. En su caso, lleva tiempo consolidando la idea de su seleccionador, Tite. Eso se nota. Jugar ante su público y tener la exigencia de alcanzar la final generaba una presión muy grande, pero a pesar de eso tiene un nivel de futbolistas y una cantidad muy buena que le permite consolidar cualquier sistema que proponga su técnico para obtener también buenos resultados. Y sin contar en este torneo con su jugador referente, Neymar.

El mérito de la selección brasileña es que va afianzando un estilo de juego. No es tan vistoso como uno está acostumbrado por las características técnicas y físicas de sus futbolistas, pero no deja de tener distintas variantes. En ocasiones supera con contundencia a sus rivales y en otras debe esforzarse mucho para ganar, como ocurrió ante Argentina.

Su futuro va asociado a los resultados y aún queda la final del domingo. Sin embargo, habrá que ver cómo llegan los futbolistas al Mundial de Qatar en 2022 y si tienen posibilidades de conseguir el título. A priori, por la historia de su fútbol, va a llegar una vez más como gran candidata.

Juan Antonio Pizzi ganó la Copa América como entrenador de Chile en 2016.

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