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Marc Gasol, el rebelde que saltó todos los obstáculos

El pívot ha sorteado un cúmulo de problemas: pesar más de 140 kilos, el ostracismo en el Barça, el desaire de los Lakers, una grave lesión y un final desalentador en Memphis

Marc, en 2006, durante el Mundial de Japón. En vídeo, Gasol y los Raptors ganan la NBA.

El traje de campeón le sienta de maravilla a cualquiera, pero en el caso de Marc Gasol no tapa el tortuoso camino que ha tenido que recorrer. Desde que rabiaba cuando era un renacuajo y su hermano Pau le daba cera en la cancha cercana a la Sagrada Familia en la que su padre Agustí jugó con el Unió Esportiva Gaudí, hasta su consagración en el Oracle Arena.

Por más bien que se llevaran, se hacía inevitable la pugna entre dos hermanos tan competitivos y que soñaban juntos mirando el mismo póster de Michael Jordan que colgaba en la habitación del piso familiar de Sant Boi de Llobregat. No es de extrañar que Marc, en una ocasión, contestara lanzando la pala de ping pong a la cabeza de Pau, un reconocido vacilón.

La eclosión de Pau, cuando lideró como pocas veces lo ha hecho nadie las victorias del Barcelona en la Copa y en la Liga en 2001, provocó un dilema serio y difícil de gestionar para Agustí y Marisa. Su hijo mayor se había convertido casi de repente en una figura. Fue elegido el tercero en el draft de 2001. Decidieron apoyarle al máximo y ello pasó por trasladar la familia al completo a Memphis, con todo lo que conllevaba en una fase crucial para el desarrollo personal de cualquier chaval como Marc, que tiene cuatro años y medio menos que su hermano, y estaba en plena adolescencia, y por supuesto para el hermano menor, Adrià.

Marc sufrió un problema adicional: su tendencia a coger peso. Llegó a superar los 140 kilos. Y aun así triunfó en su etapa colegial con el Lausanne Collegiate School de Memphis, donde algunos le apodaban The Big Burrito, y en España, la Tanqueta. En 2003 tomó una decisión crucial. Con 18 años, desechó las ofertas de varias universidades, dejó a su familia en Memphis, y regresó para pulir su juego en el Barcelona B que competía en la Liga EBA. Llegó a estar en La Masía, donde convivió con algunos compañeros de quinta. Pronto pasó al primer equipo. “Pesic fue el primero que me vio en el Barcelona”, explica. “Siempre me cuenta que estaba sentado en el Palau de Gel fumándose un pitillo y tomándose un café, me vio jugando un tres contra tres y se dijo: ‘Este chico tiene que jugar con nosotros”.

Dusko Ivanovic, en cambio, no le dio apenas minutos. Fue uno de los peores momentos de su carrera. Llegó a pedir jugar con el filial otra vez y no se lo permitieron porque le dijeron que iba bien para los entrenamientos. “Quería jugar y no me dejaron. Fue duro”, dijo. Fue entonces cuando Pepu Hernández, tras una lesión de Fran Vázquez, lo incorporó como invitado a la concentración de la selección. Se ganó un puesto en el doce definitivo. España ganó aquel Mundial de 2006 en Japón y él demostró que podía codearse con la élite.

Por entonces ya había empezado a combatir su sobrepeso en un proceso en el que acabó perdiendo unos 30 kilos. Dirk Nowitzki recuerda cuando se lo presentaron en 2002: “Nunca pensé, al ver su pinta, que fuera a convertirse en la clase de jugador que es. En la cancha no tiene puntos débiles. Mentalmente es durísimo”.

Pidió jugar con el filial azulgrana y no se lo permitieron. Y en Los Ángeles apenas le dieron una sudadera para poder entrenarse

Marc dejó la zona de confort para dar otro impulso a su carrera en el Akasvayu. En Girona, de la mano de Svetislav Pesic primero, y de Pedro Martínez después, ganó títulos y también fue designado el MVP de la Liga, la antesala de su marcha a la NBA en 2008. Se fue a Memphis de muy buen grado. Era su segunda casa. Sin embargo, le disgustó el desaire de los Lakers, que le habían elegido en el puesto 48 del draft de 2007. Se limitaron a ofrecerle una sudadera para participar en unos entrenamientos con algunos pipiolos. “Al principio nadie me quería. Nunca me hablaron de ir allí y formar parte del equipo”, recordó tiempo después de que traspasaran sus derechos a Memphis formando parte del paquete de jugadores para obtener a cambio a su hermano Pau. Su progresión con los Grizzlies fue fantástica: mejor jugador defensivo del año en 2013, All Star en 2012, 2015 y 2017, líder y capitán del equipo.

Entre medias, debido a las ausencias de Pau y Navarro, asumió un papel de líder de la selección que obtuvo el bronce en el Eurobasket de 2013. Un año después, en el Mundial, pasó el trago más amargo con la selección. Pocas horas antes del partido de cuartos en Madrid, en el que España fue eliminada por Francia, viajó a Barcelona para asistir al nacimiento de su primera hija. Recientemente explicó: “Hice un partido de mierda, recuerdo que me criticaron mucho, la gente no entendió que me fuera a Barcelona pasar asistir al nacimiento de mi hija. Incluso hubo compañeros de la selección que no lo entendieron. Pero yo pensé que era mi vida y yo tomaba mis decisiones. Y sí, jugué como la mierda, pero lo volvería a hacer. Me di cuenta de lo que es importante en la vida. De que no se trata todo de mí”. Otro revés: la fractura del pie derecho en febrero de 2016 que le impidió disputar los Juegos de Río. “Nunca me sentí tan vulnerable como jugador de baloncesto”, afirmó.

En su tramo final en Memphis fue causa de polémica. En la campaña 2017-2018 le pusieron en el disparadero tras el despido de David Fizdale como entrenador, un día después de que le dejara sin jugar un solo minuto en el último cuarto ante Brooklyn. “Me reprocho no haber solucionado antes mi relación con él, pero no que lo echaran”, dijo. El equipo fue penúltimo en el Oeste. Aquel verano, el 33 de los Grizzlies avisó: “Ahí está mi conflicto mental, entre mi deseo de ganar y mi lealtad”. Fue el preludio de su traspaso en febrero a Toronto, donde tras muchos codazos ha tocado la gloria.

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