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Vidorreta en la isla del tesoro

El Iberostar Tenerife reta al Barça en semifinales en la vuelta del técnico con el que inauguró su palmarés continental en 2017 ganando la Champions FIBA

copa del rey baloncesto
Vidorreta animando a sus jugadores acb photo

Desafiando el verso que rezaba que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, Txus Vidorreta (Bilbao, 52 años) regresó el pasado verano a La Laguna, su Macondoparticular. Tras un año destemplado en Valencia, el técnico tomó el vuelo de vuelta a su isla del tesoro para retomar la pizarra del Iberostar Tenerife, con el que logró la Champions FIBA en 2017, la temporada en la que fue galardonado como mejor entrenador del año en la ACB.

En su quinta Copa con cinco equipos distintos en las últimas 10 campañas, Vidorreta desafiará al Barça en la segunda semifinal consecutiva del club aurinegro. “Estamos en un momento dulce y ojalá podamos endulzarlo aun más. El Barça ha disputado siete de las últimas nueve finales. Este no es el torneo de Copa que conocimos en los noventa; del 90 al 99 hubo ocho campeones diferentes. Ahora, Madrid y Barça se han repartido los últimos nueve títulos. Pero nosotros vamos con la máxima ilusión, sin presión y muy motivados. Contra el Barça solemos competir bien”, analiza el técnico del Iberostar.

Rodrigo San Miguel y Ferrán Bassas desmontaron a Unicaja, dieron carrete a Iverson y Abromaitis y pusieron rumbo a semifinales. Los bases aurinegros consolidaron la imagen de marca de todos los equipos de Vidorreta. “El base es una figura fundamental en mis equipos. Yo era un base flojito y eso me hizo analizar mucho el juego y me llevó a ser entrenador. Tengo una capacidad de conexión importante con los bases y eso me da la posibilidad de motivar a los que voy conociendo”, explica el que fue mentor entre otros de Sergio Rodríguez, Llull y Marcelinho Huertas.

Después de tres años en Radio Bilbao de la Cadena Ser como redactor de informativos y deportes, Vidorreta dejó los micrófonos en 1992 para ser entrenador ayudante del Caja Bilbao. La pasión se hizo profesión. “Hubo una época, entre 1995 y 1998, en la que apenas tuve oportunidades y cuando me llegó la oferta del UB La Palma, en EBA, me había puesto el 31 de julio como fecha tope. Me llamaron el 24. Gracias a esa llamada estoy aquí”, cuenta el entrenador vasco, integrante del cuerpo técnico de Sergio Scariolo en la selección en la doble conquista del oro europeo en 2015 y el bronce olímpico en 2016.

“He tenido siempre la oportunidad de lograr éxitos. He ganado todos los títulos en las categorías inferiores profesionales del baloncesto español (EBA, LEB2, LEB, la antigua 1ª división con el Caja Bilbao, Europeo Júnior con la selección)… No sé. El que tiene gol lo tiene en todas las categorías”, ironiza cuando le preguntan por su truco. “Yo soy un entrenador de jugadores. Los que ponen el máximo son ellos. Lo que me ha hecho tener éxito de forma continuada ha sido la capacidad de conectar con los jugadores, de hacerles sentirse cómodos con el estilo”, repasa retrotrayéndose a sus inicios. “En realidad, he sido entrenador desde siempre. Empecé con 15 años, en el curso 81-82. Lo compaginé durante un tiempo con mi etapa como jugador pero enseguida me di cuenta de que lo que me gustaba era entrenar”, sentencia.

El Club Baloncesto Canarias, Iberostar Tenerife por los avatares publicitarios, fue uno de los 16 cofundadores de la ACB pero, tras siete temporadas en la élite y una participación en la Korac de 1989, sufrió un descenso que tardó 21 años en remontar. En verano de 2012 se alinearon todas las circunstancias. El club de La Laguna había renunciado al ascenso conseguido en las pistas de la LEB porque no podía afrontar el pago del canon de la liga (más de cinco millones de euros) pero, casi sobre la bocina, surgió la posibilidad de comprar la plaza del Lucentum Alicante —entrenado precisamente por Vidorreta— por mucho menos dinero. La consiguieron por 2,6 millones y con lo ahorrado lograron cuadrar el presupuesto para hacer viable el proyecto en ACB, calculando hasta el último céntimo, incluidos los vuelos a los que obliga la insularidad. Ahí comenzó un nuevo viaje en la élite de un club histórico que busca su primera final de Copa. “Quiero ser feliz entrenando y aquí lo he sido al cien por cien”, dijo Vidorreta al volver por aclamación popular a la isla.

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