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La madre que ganó una carrera de 430 kilómetros con paradas para la lactancia

Tras 83 horas, la británica Jasmin Paris, que da el pecho a su hija de 14 meses, vence a hombres y mujeres en la durísima Spine Race y destroza el récord de la prueba

Jasmin Paris, con su hija Rowan, tras terminar la Montane Spine Race.
Jasmin Paris, con su hija Rowan, tras terminar la Montane Spine Race. The Montane Spine Race

Después de 430 kilómetros subiendo y bajando montes, 13.000 metros de desnivel positivo, más de 80 horas corriendo, caminando a ratos, no es raro sufrir alucinaciones. Le pasó el miércoles a la británica Jasmin Paris: “Veía animales saliendo de las rocas, y me olvidaba de qué estaba haciendo, así que cada poco tenía que preguntarme: ¿qué estoy haciendo aquí? Entonces recordaba que estaba caminando por la ruta Penine Way”. Hasta que cruzó la meta de la Montane Spine Race, una de las carreras de ultra distancia más duras del mundo. Lo hizo la primera, por delante de hombres y mujeres, y enseguida le entregaron un bebé. No se trataba de otra alucinación. Era su hija Rowan, de 14 meses.

Durante la prueba, la tuvo muy presente. Paris da el pecho, así que necesitó usar los puntos de control para detenerse a extraerse leche. Había planeado dejar la lactancia durante las navidades, pero surgió un imprevisto: “Rowan sufrió dos infecciones víricas seguidas y durante cinco días se negó a comer nada que no fuera leche materna”, decía Paris la semana anterior en su blog, donde contaba su plan de usar un sacaleches durante la prueba.

Jasmin Paris, en un momento de la Montane Spine Race.
Jasmin Paris, en un momento de la Montane Spine Race. The Montane Spine Race

Más allá de las complicaciones técnicas de la operación, la lactancia materna supone un gasto extra diario de unas 750 calorías. “Eso equivale a entre 40 y 60 minutos de trabajo aeróbico medio”, explica el médico deportivo Manuel Rodríguez; “no hay muchos estudios, porque no es frecuente encontrar deportistas de alto nivel que mantengan la lactancia, pero en algunos casos puede suponer hasta un 10% más de esfuerzo. También hay un aumento de producción de hormonas, progesterona y estrógenos, para facilitar la producción de leche, pero es lo que se tiene que ceder a través de la lactancia al bebé”.

Con esos factores en danza, bajo la lluvia en algunos tramos, sobre nieve en otros, con sensación térmica de hasta 20 grados bajo cero, Paris salió el domingo pasado a las ocho de la mañana de Edale, entre Mánchester y Sheffield, y cuando el miércoles a las siete de la tarde cruzó la meta, había rebajado el récord en más de 12 horas. Lo dejó en 83 horas 12 minutos y 23 segundos. En esos casi cuatro días durmió apenas dos horas y media, repartidas en varias paradas.

La táctica en la gestión del sueño resulta decisiva en la Spine, que no fija momentos para que todos los participantes duerman. Cada uno debe elegir si se detiene a dormir y cuánto. Paris abrió el primer hueco significativo con el español Eugeni Roselló Solé, ganador en 2013, cuando después de casi 200 kilómetros él se paró a acostarse. Ella decidió seguir.

De algún modo, la maternidad le ha proporcionado cierto entrenamiento en el manejo extremo del sueño. “Entrenar se convirtió en un acto de malabarismo con el tiempo con el bebé. Para conciliarlos, empezaba a entrenar a las cinco de la mañana antes de ir a trabajar mientras mi familia se quedaba cómodamente en la cama, pero no era fácil, especialmente después de una noche de sueño roto (nuestro retoño no es de los que duerme toda la noche)”.

Jasmin Paris, durante la Montane Spine Race.
Jasmin Paris, durante la Montane Spine Race. The Montane Spine Race

Jasmin Paris, de 35 años, investigadora en la Universidad de Edimburgo, corre desde que terminó Veterinaria en 2008 y poco puede detenerla. “Tuve un buen embarazo, pude seguir corriendo hasta el día que nació mi hija”, dice. Al día siguiente de dar a luz, salió con su marido, Konrad Rawlik, también corredor, y con el bebé a pasear por el campo. Dos semanas después ya trotaba. A los seis meses corría llevando el bebé en una mochila. En octubre ganó el campeonato británico de carreras de alta montaña. Pero necesitaba un reto. “Cada vez me costaba más cambiar la cama por la fría oscuridad de fuera. Así que hice algo disparatado y me apunté a una carrera que había jurado que nunca disputaría”, recuerda. Pero estuvo en ella menos que nadie.

A Roselló tuvieron que rescatarlo a seis kilómetros del final, delirando y con hipotermia. El último en acabar, Colin Green, lo hizo este domingo con un tiempo de 166 horas y media, el doble que ella.

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