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Víctor Sada: “He vivido el baloncesto al límite y eso quema mucho”

El base de 34 años se retira tras 17 temporadas y una Euroliga y cinco Ligas con el Barça y un oro en el Europeo de 2011 y la plata olímpica en 2012 con la selección

Sada, en un partido Barça-Bilbao en 2011. Ampliar foto
Sada, en un partido Barça-Bilbao en 2011.

“Y ahora, me han dicho que van a pasar un vídeo sobre mi carrera”. El jefe de prensa del Barcelona, Carles Cascante, se queda lívido una milésima de segundo ante otra de las divertidas ocurrencias que Víctor Sada esparce a lo largo de la rueda de prensa que pone punto final a su carrera en el baloncesto. No hay vídeo, es evidente, porque ni siquiera está instalada la pantalla de proyección. El atestado auditorio, lleno jugadores, entrenadores, familiares, representantes y amigos, se regocija con el humor de Sada.

A los 34 años, ha decidido decir adiós al baloncesto profesional. Su carrera ha estado repleta de altibajos, pero a fin de cuentas exhibe una apreciable colección de títulos en su vitrina: una Euroliga, cinco Ligas y tres Copas del Rey con el Barcelona, una FIBA Eurocup con el Akasvayu Girona y la medalla de oro en el Eurobasket de 2011 y la de plata en los Juegos de Londres 2012.

“Me voy porque el baloncesto es muy bonito. Lo he vivido al límite, al máximo, tanto mental como físicamente y eso quema mucho. He llegado al límite mentalmente. Y también todos saben que me he basado muchísimo en el físico. La operación de espalda cuando tenía 30 años no ayudó. Si hubiera sido con 20 años, tal vez lo hubiera superado mejor”, explica. Huye de un excesivo dramatismo en sus exposiciones. En este caso dice que un día calculó que su amigo y excompañero igualmente recién retirado Juan Carlos Navarro acumuló a lo largo de su carrera “sesenta días y pico” en la sala de vídeo.

Se resiste a soltar las lágrimas, escena ya habitual en este tipo de despedidas. Aunque no puede evitar un momento de máxima emotividad cuando se sincera: “Tengo 34 años y he pasado 17, media vida, en el Barça. Un día le dije a Joe Ingles (exazulgrana ahora en la NBA con Utah Jazz), lo mucho que nos fastidiaban los ejercicios a los que nos sometía Toni Caparrós (preparador físico). Pero ahora lo echo de menos, y mi espalda también. Ya dije que cuando tuviera 34 años me lo plantearía. Los últimos años de un jugador son duros. Cuando salí de Andorra (2106) se me puso la cruz, no la de Sant Jordi. Y sufrí una situación con mi pareja bastante dura. Decidí quedarme a su lado y ayudarla en todo. Nos dejamos la piel en el baloncesto y me he dado cuenta de que la vida es más importante. Tuve dos opciones de irme a jugar en el extranjero, pero preferí quedarme con mi pareja. Y perdí la rueda. Pero lo volvería a hacer Elena”, dice mirando a su pareja sentada en las primeras familias junto a toda la familia Sada, cuyo padre, Adolf, compitió con el Barcelona desde 1970 a 1974, sus hermanos Adolf y Kike jugaron en las categorías inferiores del club, y su madre Neus también fue baloncestista. “Llevamos el ADN Barça de serie”, sentencia orgulloso.

Sufrí una situación con mi pareja bastante dura. Decidí quedarme a su lado y ayudarla en todo. Nos dejamos la piel en el baloncesto y me he dado cuenta de que la vida es más importante

“Tengo que mirar mi carrera con perspectiva. Es como una serie, como Perdidos. Cuando empiezas a verla no te acaba de gustar. Durante mis primeros años, la gente me veía y decía ‘bueno’. Pero fui a Girona volví (al Barcelona), empieza a gustar más. Y a mucha gente no le gustó el final de Perdidos, pero a mí me gustó. Y me gusta mi final”, compara el ya exbase de 1,93 metros. “Lo he pasado muy bien, viviendo y trabajando en lo que me gustaba. Y he jugado contra los Lakers, contra Kobe Bryant y me abracé con Magic Johnson que es top. Me lo he pasado muy bien”, suelta Sada, distendido, maestro de ceremonias, interpelando a muchos de los presentes, a Navarro, a Manolo Flores, a Pesic, a los júniors.

Y enumera los cinco mejores momentos de su carrera. “Son los que más me han emocionado, que es por lo que vivimos el básket”. El primero fue cuando le comunicaron que subía al primer equipo. “Me puse a llorar. Era un sueño hecho realidad”. El segundo cuando ganó la FIBA Eurocup con el Akasvayu Girona. “Fontajau estaba lleno. Y cuando ya calentábamos para jugar la semifinal contra Estudiantes noté algo, sabía que íbamos a ganar ese título sí o sí”. El tercero y el más significativo para él, la Euroliga de París con el Barça en 2010. “Lo he mirado. Xavi Pascual me cambió por Lakovic cuando faltaba un minuto y 23 segundos. Di la mano a todos y lo celebramos ya con la afición fue emocionante, un sueño cumplido, un momento único junto a la gente a la que más quería”. El cuarto, la última Liga con el Barcelona, en 2014. “Gané dos trofeos, ese, y a Elena. Tengo que dar las gracias por los momentos buenos en el básket y en la vida”.

Cuando Pascual me cambió faltando un minuto en la final de la Euroliga y empezamos a celebrar el título fue un sueño cumplido, un momento único

Y el quinto momento de su carrera, dijo, fue el que estaba viviendo en ese momento, el de su despedida. “Una vez Marc (Gasol) me dijo que tenía 500 saltos y los tenía que utilizar con sabiduría porque tenía pocos. Yo estaba todo el día saltando. Yo tenía muchos saltos. Los he ido gastando y ha sido un placer. Hoy es mi último salto. Empecé con el Barça B con unas zapatillas Nike azules y he acabado en el Barça B con una zapatillas Nike azules. Es un orgullo”.

Destacó a tres de los entrenadores que ha tenido a la largo de su carrera profesional. “Pesic ha sido como mi padre. Nos venía a ver al B a Marc y a mí y nos subió. Y me hizo salir de titular en la Copa cuando tenía 19 años. Y cuando di un bajón me dio su confianza en Girona y volví a remontar. Pedro Martínez también me marcó. Empezamos mal, pero después de una reunión a media temporada todo fue bien. Y con Xavi Pascual todo fue muy bien en los primeros años, pero tras seis temporadas, no acabamos como me hubiera gustado pero tengo que darle las gracias porque apostó por mí en momentos importantes”. Recordó que empezó en la Minguella, el equipo de Badalona con el que jugó hasta que tenía 12 años. Presumió de haber ganado el torneo Molinet, y aprovechó para bromear con los componentes del equipo B que acudieron a su despedida: “¿Lo habéis ganado vosotros? Aquí en el Barça se tiene que ganar”.

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