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El ambiente como combustible motivacional

Cambage aguantó, se reveló y se divirtió. Si sigue así, va a dominar durante muchos años el baloncesto femenino y Australia va a disfrutar mientras el resto sufre

mundial femenino baloncesto
Australia celebra el pase a la final AP

¡Qué ambiente en Tenerife! Jamás vi nada igual en un partido de baloncesto femenino. Una afición de 10, de oro. Bravo por ellos.

No estamos acostumbrados a ver caer a un equipo que ha alcanzado una plata mundial, otra olímpica y un oro europeo y por eso buscamos explicaciones. En la semifinal no pudimos con Cambage, ni más ni menos. Ganó la batalla. Su selección sin ella es otra, cien por cien ganable, pero cuando está en pista cambia todo. El plan para intentar derribarla era sencillo, intentar ser agresivas en su defensa para sacarla del partido. Pero esta vez no se dejó llevar por su controvertido carácter, más bien la espoleó. Dentro de sus excesos, supo controlar su pasión competitiva. Dominó el duelo frente a una defensa que lo intentó todo. Aguantó, se reveló y se divirtió. Cuando una jugadora es tan buena y le sale todo, el ambiente en contra se convierte en su combustible motivacional. Hacía tiempo que no veía a nadie dominar un partido así. Quizás faltó hacerla algún dos contra uno, aprovechando el malísimo día que tuvieron las australianas desde 6,75 y sabiendo que el pase no es su mejor virtud.

Otro ejemplo de esa furia competitiva es Diana Taurasi ¡por favor no la piten porque entonces desatarán a la bestia! Es ese gen que algunas tienen y que no se entrena. Se llama carácter y es diferencial. Por eso son las mejores. Si sigue así, Cambage va a dominar durante muchos años el baloncesto femenino y Australia va a disfrutar mientras el resto sufre.

Y pese a semejante jugadora, España hizo un gran partido, se entregó sin premio, pero esta tarde luchará por el bronce en una batalla ante el equipo revelación, que ha ido creciendo a medida que avanzaba el campeonato y que frente a EE. UU. jugó sin ningún tipo de complejo. Messemman capitanea, pero que nadie se olvide del resto porque tienen un ataque tremendo, en continuo movimiento y con una amenaza exterior que no tiene ninguna otra selección. España pelea por prolongar una secuencia histórica de podios que comenzó en 2013 y me gustaría hacer una referencia especial a tres jugadoras. Dos que estuvieron en aquel Europeo de Francia y regresan ahora y otra que se sumó años después al grupo como pieza clave.

Empiezo con Astou Ndour, una jugadora a la que quizás no se le reconoce suficientemente su trabajo. No debe ser fácil tener que entrar y salir de la selección en función de si Sancho Lyttle está o es baja. Podría sentirse un plan b y, sin embargo, lo asume con naturalidad, jugando siempre con la misma entrega y demostrando su pasión por este deporte y lo que gusta pertenecer a este grupo. Con ella España fue plata olímpica gracias a ese dúo defensivo que completa junto a Laura Nicholls. Astou tiene todo: intimidación, salto, trabajo y cada vez más recursos en ataque. Larga vida a Astou.

Las otras dos menciones son para Cristina Ouviña y Queralt Casas, el dúo dinámico, revulsivos desde el banquillo. Ouviña ha sabido poner las revoluciones necesarias al equipo tanto en ataque como en defensa, y además ha mostrado descaro buscando pases largos en transiciones. Ausencia de miedo que ha compartido con Queralt, que si hace de su tiro exterior una amenaza regular será una delicatessen. Son jóvenes y tienen hambre lo que unido a su talento las ha permitido dar un paso al frente en un año en el que jugadoras con más experiencia han vivido demasiadas lesiones en la preparación.

Falta el remate y conseguir que las lágrimas tornen en sonrisas si se alcanza un podio mundial más. Sería el tercero en este siglo y eso, señores, solo lo mejoran EE UU y Australia. Casi nada.

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