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Anna Montañana: “Quiero que entrenar sea mi vida, no una aventura de cuatro meses”

A 80 días del inicio del Mundial de Tenerife, la exinternacional española repasa su trayectoria en la selección y sus deseos de futuro tras convertirse en febrero en la primera mujer en un banquillo de ACB

Anna Montañana, en su presentación en Fuenlabrada
Anna Montañana, en su presentación en Fuenlabrada GLORIA MORENO (M. FUENLABRADA)

En el año del Mundial de Tenerife, Anna Montañana ha sido una de las mujeres que más titulares ha acaparado en el mundo del baloncesto. Se convirtió en febrero en la primera entrenadora en un equipo de la ACB, como integrante del cuerpo técnico del Montakit Fuenlabrada de Néstor García, y ahora espera consolidar su trabajo en la élite. Con 129 internacionalidades y cuatro medallas con la selección entre 2005 y 2012, Montañana (Valencia, 1980) repasa su trayectoria con España y sus retos de futuro.

Pregunta. ¿Las jugadoras de su generación soñaron alguna vez con disputar un Mundial en España?

Respuesta. Un Mundial a lo mejor era demasiado, pero un Europeo si lo soñado alguna vez, aunque cuando eres joven siempre quieres viajar por el mundo en los campeonatos. Pero, visto en perspectiva, este campeonato en Tenerife es un gran reconocimiento a la trayectoria de nuestra selección y llega en el mejor momento. Llevan cinco años consecutivos en el podio e incluso la Liga española está recuperando la normalidad después de años de crisis.

P. Su debut fue en 2005, con un bronce en el Europeo de Turquía. En esos años las medallas continentales ya no eran una utopía.

R. Venía de estar cuatro años en EE UU y al regresar todo se me hizo un poco nuevo. Éramos una selección con un nivel de competitividad altísimo, pero físicamente nos costaba. En esos años se empezó a consolidar el recorrido que luego nos llevó al bronce del Mundial de 2010 en Turquía con la inclusión de Sancho Lyttle.

P. ¿Ahí la selección ya dejó de ser ese “ejército de Pancho Villa” que contaba Amaya Valdemoro y descubrió sus valores para competir?

R. Veníamos de jugar con el complejo de enfrentarnos siempre a rivales más altas, más rápidas y más fuertes, pero empezamos a ganar partidos y a ver que podíamos competir de tú a tú con todos los países. Si nos lo hubiéramos creído antes quizá habríamos ganado más porque desde aquel ‘sí que podemos’ no hemos parado.

P. ¿En el puesto de pívot, las limitaciones físicas se notaban más y la lucha fue mayor?

R. Sí. En mi posición me enfrentaba a jugadoras con muchísima envergadura. Pero las limitaciones te hacen agudizar otros valores y fui encontrando maneras para atacarlas y defenderlas. Esa lucha por salvar esas limitaciones es lo que ha diferenciado a España.

P. ¿Cómo ayudó en ese proceso la llegada de Sancho Lyttle, ahora lesionada para el Mundial?

R. Siempre decíamos que nos había tocado la lotería con ella. Es una de las mejores cuatros del mundo: domina el rebote como pocas, puede correr y tiene muy buen tiro. Sin desmerecer a las que ya estábamos, ella aportó otro nivel. Se acopló enseguida. Con 35 años este Mundial iba a ser su culminación a los ocho años que lleva en la selección y estaba a un gran nivel, pero ya ha faltado a otros campeonatos en los que estuvo Astou Ndour y esta selección está tocada por una barita mágica. Confío mucho en ellas.

P. En su última etapa en la selección hubo un gran hito con el bronce mundial de 2010 que rompió una barrera histórica y un gran pinchazo con la séptima plaza de 2011 y la exclusión de los Juegos de Río, ¿cómo se vivió desde dentro?

R. 2010 fue increíble. Lo soñamos durante todo el verano, visualizamos esa oportunidad. Nos quedábamos siempre a las puertas. En los cruces, el resto de equipos subían el nivel y nosotras no llegábamos. Pero ese día contra Francia, cuando nos metimos en semifinales, se alinearon todas las estrellas. Teníamos un equipo muy maduro y fue uno de los momentos más importantes de nuestras carreras. Nunca olvidaré la ceremonia del podio. Pero después, de tanto creérnoslo, llegamos a 2011 pensando en el oro y todo se torció. Tuvimos muchas lesiones y no salió nada. Fue un palo durísimo. Jugué el preeuropeo posterior pero ya no volví a ningún campeonato con la selección. La responsabilidad que teníamos jugadoras como Amaya [Valdemoro] o yo misma, a mí me dejó muy tocada. Lo piensas mil veces. La pesadilla del deportista es cuando vuelven esos recuerdos y aparece el ‘y si hubiera hecho…’ Pero de toda la carrera con la selección no me puedo quedar con eso.

Montañana, con la selección española en los juegos de Pekín ampliar foto
Montañana, con la selección española en los juegos de Pekín cordon

P. Sin embargo, algo se hizo bien para metabolizar aquella derrota porque la trayectoria de la selección desde entonces es increíble: con un oro en el Europeo de 2013, la plata en el Mundial de 2014, el bronce en el Europeo de 2015, la plata olímpica en Río 2016 y el oro en el pasado Europeo.

R. Sin duda. Tocamos fondo, pero también aceleró la maduración de jugadoras como Anna Cruz, Alba Torrens, Laura Nichols Y Marta Xargay… Experimentaron todo lo que no había que hacer y eso las ayudó a ellas y a la selección a ser quienes son ahora.

P. ¿Cómo definiría a esta selección?

R. Hay muchas jugadoras que llevan mucho tiempo y mucho vivido. Silvia Domínguez por ejemplo ya estaba en el Mundial de 2006. Desde el 2008, están Nicholls y Alba… Son muchos años compitiendo al máximo nivel y eso les ha permitido alcanzar una gran dureza mental. Son mucho más físicas que nosotras, muy polivalentes, y tienen todas las piezas bien puestas. No es azar, hay mucho trabajo detrás. Son una familia y eso se nota dentro y fuera de la pista.

P. Cuándo llegó su retirada, ¿cómo se afronta el reciclaje personal? Porque no está tan allanado el camino para ser entrenadora, directiva o dirigente como en el mundo de los hombres.

R. Yo sabía que quería ser entrenadora. Cuando te retiras intentas llegar a todo para no perder ninguna oportunidad. He recorrido todos los ámbitos, desde el 2013 trabajo en las categorías de formación de la federación, he sido presidenta, directiva y entrenadora… he trabajo en marketing deportivo y en la asociación de jugadoras, he sido asistente en Liga Femenina 2… Pero lo que quiero es ser entrenadora. No hay que tener miedo a llamar a puertas. Cuando eres jugador te buscan y te quieren, pero después se olvidan de ti. Hay que buscarse la vida muy rápido. Yo pensé en salir al extranjero, pero si salía después de retirarme sabía que cuando volviera ya nadie sabría quién había sido. Me he preparado y he invertido mucho en formarme en busca de mi sueño.

P. Y este año, por fin, llega la gran oportunidad como asistente en el cuerpo técnico del Montakit Fuenlabrada, la primera mujer en lograrlo.

R. Llegar a la ACB era un sueño verdadero. Lo había verbalizado desde que me retiré y, cuando menos lo esperaba, después de cuatro meses alejada de las canchas, llegó la llamada del Fuenlabrada. Si deseas mucho las cosas, a veces se cumplen. Dejé toda mi vida en Valencia y emprendí una nueva etapa en el profesionalismo. Renuncié a la estabilidad y me lancé a vivir la soledad de los entrenadores, a no saber qué será de ti. Y eso a los 37 no es tan fácil como a los 28. Pero, menos las nueve derrotas seguidas al término de temporada, todo ha sido idílico. La química con el cuerpo técnico encabezado por Néstor García, el trato con el presidente, José Quintana, y con todos los estamentos del club… La relación con los jugadores era lo que más respeto me daba, pero también ha sido estupenda; igual que el trato de nuestra afición y de las de otros equipos. Me han tratado fenomenal y a nivel baloncestístico ha sido lo que yo buscaba.

P. ¿Y de cara al futuro?

R. No hay nada cerrado. Ha llegado Agustí Julbe como nuevo entrenador y estoy esperando a la decisión de cómo va a quedar definitivamente configurado el cuerpo técnico. Quiero seguir en el Fuenlabrada. No quiero que esto sea una aventura de cuatro meses y aspiro a consolidarme. Quiero que esto sea mi vida. Está muy bien romper una barrera, pero ahora quiero continuar.

P. ¿El siguiente techo a romper es el banquillo de la selección femenina o el de algún equipo ACB?

R. No quiero retirar a Lucas Mondelo antes de tiempo (risas), pero son sueños a cumplir. No me importa soñar en alto. Si el camino te lleva y estás preparada para ello, se lograrán. Menuda presión va a ser sustituir a Lucas. Es el entrenador más exitoso de la historia y ha sabido dirigir a todas las jugadoras maravillosamente. Ser seleccionadora está más cerca para una mujer que algún banquillo de la ACB. Isa Sánchez ya está ahí además al lado del propio Mondelo.

P. ¿Si la llamara el seleccionador para dar una charla al equipo antes de comenzar el Mundial, que les diría?

R. Es muy difícil porque he jugado con casi todas. A veces las digo, ‘que os voy a decir, si lo habéis ganado todo’. Para este Mundial no hace falta muchos esfuerzo motivacional. Van a ir como motos y hay que aprovechar el tirón para consolidar el baloncesto femenino. Le diría nada más que sean ellas mismas porque son especiales. Transmiten esencias y valores del deporte y de la vida.

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